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ALTO LA GUERRA CONTRA LOS ZAPATISTAS
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11 sept 2019

Del cuaderno de apuntes del Gato-Perro: Rumbo al Puy Ta Cuxlejaltic, el CompArte de Danza y el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan.

Del cuaderno de apuntes del Gato-Perro:

Rumbo al Puy Ta Cuxlejaltic, el CompArte de Danza y el
Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan.

En 1993, hace 26 años, las mujeres zapatistas elaboraron la llamada “Ley Revolucionaria de Mujeres”. En uno de sus apartados, señalaban su derecho a estudiar… “y hasta de ser choferas”, según narró el finado SupMarcos en una carta pública recordando, hace 25 años, el nacimiento de esa ley y el papel que en su creación tuvieron la finada Comandanta Ramona y la Comandanta Susana. Tal vez en otra ocasión se relate el por qué de esta aspiración de las mujeres indígenas zapatistas. Ahora, en exclusiva, la Comisión Sexta del EZLN presenta a ustedes algunos avances o cortos o trailers de uno de los documentales que L@s Terci@s Compas exhibirán, en funciones Premier, en fecha indefinida. Va pues.
“…Y HASTA DE SER CHOFERAS”
Documental rodado, en todos los sentidos, completamente en las montañas del Sureste Mexicano en el año del 2019. Elaborado, dirigido y producido por mujeres zapatistas, este documental recoge algunas escenas de lo que ha sido la preparación de las compañeras choferas zapatistas. Duración indeterminada. Formato no sé. Clasificación Z (como debe de ser). No se exhibirá en Netflix, ni en Amazon Prime, ni en Tv Apple, ni en HBO, ni en Fox, ni en… ¿cuáles eran las otras?… Bueno, pues ésas. Tampoco en cines. Sólo en los Caracoles Zapatistas… ¿También en el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan? ¿Así le pongo?… ok, ¿pero no pongo la fecha ni el lugar?… Oh, pues… Es que van a reclamar, que no la hagamos de suspenso… Siquiera den una pista… no, no de manejo, de una idea pues. ¿Diciembre?… ¿de este año?… ¿Hola?… ¿Hola?… ¿Hola?… ¿Muy deprimid@?… Se fueron, pero les diré que no se veían deprimidas… tenían algo en la mirada, una especie de reto, de desafío, de rebeldía, de zapatismo pues. Nota: Ningún varón ha sido maltratado en la producción de este documental…, bueno, sí, pero sólo se ha abollado su ego… Ah, y unos que se cayeron cuando huían de una compañera que se embraveció porque le estaban gritando cosas… No, yo no, yo miraba de lejitos, no me fuera a tocar un garrotazo… ajúa.
Sinopsis versión Apocalíptica: Un virus producido en los laboratorios de los Iluminatti es dispersado en las montañas del Sureste Mexicano. Por alguna extraña razón, sólo afecta a las transgresoras de la ley autodenominadas zapatistas. El virus les lleva a hacer cosas fuera de toda razón y lógica, se rebelan, resisten, y les da por invadir cargos y trabajos que deberían ser exclusivos de los varones. En este documental se recogen evidencias de esta indisciplina, y se ve donde a las zapatistas les da por ser libres y, bueno, no lo va usted a creer, pero hasta de ser choferas, ¿no le digo? Si ya no hay valores, oiga.
Sinopsis versión “No hay final feliz”: Un grupo de mujeres indígenas zapatistas se dicen y dicen “ya basta” y se rebelan y quieren ser libres y hasta de ser choferas. Un grupo de intrépidos y valerosos hombres partidistas deciden retarlas y las burlan y amenazan, las conminan a que vuelvan a la cocina y a hacer críos. Las transgresoras de las leyes patriarcales (y de tránsito) se enfrentan a ellos. Pierden los varones, ganan las mujeres. Sí pues, ni modos, por eso digo que no hay final feliz.
Sinopsis versión “Se siguieron” (de una entrevista inédita con un chofer maestro de choferología): Bueno, de ahí que los maestros dijeron que sólo iban a enseñar a manejar las móviles que llaman “estaquitas” porque son las que más se usan en los pueblos, pero las compañeras que no, que cómo, y dale que también la mecánica. Ni modos, pues entonces la mecánica. Hasta ahí pues normal. Pero el borlote se hizo cuando dijeron que también el Guardián y la Guardiana, que son dos camiones de 6 toneladas. “Camionzote”, le dicen las compañeras. Ahí sí, como decía el finado, pues se chingó la señora roma ésa, porque resulta que los de 6 toneladas pues no cualquiera. Que sea que hasta mismos choferes hombres le sacan a manejar más de 3 toneladas, porque no es juguete pues. Entonces pues pensamos que bueno, que basta con que aprendan a arrancar. Pero nada, qué va a ser, se siguieron y hasta le dieron mantenimiento a los camiones. No, qué va a ser que se conforman. Ahora quieren aprender a manejar camión trocero, de ésos que llevan los troncos de árboles. ¿Dónde vamos a conseguir un trocero? Ni en sueños pues. Además, ¿y si luego quieren aprender a manejar torton o tráiler? (…) Ah, sí sirve, porque hay que estar acarreando materiales para los caracoles. Dicen que ahí van a hacer el festival de cine y las compañeras van a hacer su encuentro con las otras mujeres. Y dicen que un CompArte especial de danza, que sea de bailables y esas cosas. No, yo sólo sé bailar la del moño colorado, pero eso de que brincan como venado o se cuelgan de unas como telas, pues olvídate. Y luego hasta como que te cuentan una historia, pero con pura bailadera. No, zapateado tampoco sé, sólo sé pero en el lodo, y eso cuando se poncha la llanta y ni modos, qué vas a hacer, a zapatearle. Sí, ahí andaban las Tercias, que están haciendo una película de las choferas, y de ahí que dijeron las Tercias que quieren que se hagan chistosadas, que sea que bromas, como quien dice, que si no, pues la película sale muy triste y la rebeldía pues es alegre, dicen. Entonces hay que hacer como que chocan y esas cosas. ¿Eh? Ah no, lo de la compañera que nos avienta el carro a los hombres no estaba planeado, creo que la compañera pues se pensó que mucho la burlan y dale, que nos avienta el carro. Todos corrimos, pero no por el carro, sino que lo miramos su ojo la compañera chofera, que sea que se miraba que estaba brava, pero lo raro es que se sonreía. Muy otras las compañeras.
Sinopsis versión “pinches hombres”Ah, bueno, arresulta que en este segundo curso, las compañeras nos dijeron que, en sus pueblos, cuando practican con el carro de la comunidad, a veces los partidistas les gritan cosas y las burlan. Y entonces nos dijeron que los maestros de choferólogas vamos a hacer como los partidistas, que sea que les gritemos cosas y las burlemos. Sí, para entrenarse también de eso. O sea que estábamos como quien dice actuando, así nos explicaron la Teresa y el Cochiloco.
(Nota: el de la voz se refiere a la actriz Dolores Heredia y al actor Joaquín Cosío, por sus papeles en Capadocia y El Infierno, respectivamente. L@s zapatistas se refieren a quienes actúan en cine por alguno de sus personajes, no por sus nombres reales. En el primer festival de cine, en noviembre del 2018, la Teresa y el Cochiloco se dieron el tiempo y el modo para, por separado cada quien, platicar en privado con las insurgentas e insurgentes, mientras se atascaban de tamales de tuluc. Respondieron todo lo que les preguntaron. Lo que se hablaron con la Teresa de como mujeres que somos, sólo ellas lo saben. Por cierto, se acabaron los tamales, no me dejaron ni uno. Fin de la nota).
Entonces nos platicaron de cómo es que se hace la actuación, que sea que nos explicaron que la actuación es que no es real pero tienes que hacer como que es de adeveras, real pues. Entonces pues así hicimos. Unos compas hasta se hacen como de bolos, que sea como borrachos, pero es por la actuadera. Ah, pero cuando se baja la compañera con el garrote, ahí sí nada de qué actuación ni qué nada, a correr, porque qué tal que la compañera se olvida que no es real y que somos compañeros y nos da, pues. Yo les dije que con un cartón o una revista así doblada, pero qué va a ser, agarraron un tubo de fierro. Y ése duele. ¿Eh? Pues yo vi que están contentas porque se dieron cuenta de que sí pueden. Ya no es de palabra, sino que en la práctica lo demostraron. Ahora el problema va a ser en sus poblados. Imagínate que llega la mercancía y el camión lo maneja una mujer, ¡de una vez! Los partidistas se van a quedar callados, y las compañeras les van a gritar “¡pinches hombres!”. ¿Eh? No, nosotros somos compañeros, los otros son los pinches hombres. No es lo mismo, pues.
Sinopsis versión “Filtración”Oyes, no lo vayas a escribir, pero luego los compañeros maestros estábamos con pena, porque se hizo la práctica de cambiar el filtro. Y una compañera con todo y su nagua lo hizo en un ratito. Luego los maestros fuimos a cambiar el filtro de un camión que es de la Junta. Mta magre, éramos 6, media hora y no podíamos. Ya le íbamos a pedir apoyo a las compañeras. Suerte que sí pudimos, si no, pues la pena. Y peor si eso sale en la película ésa que están haciendo las Tercias.
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Algunas reseñas en la prensa experta:
Ni modos, perdimos los machitos, again. Pero volveremos, aunque cada vez seamos menos. Si ayer éramos miles, hoy somos un menguado contingente tratando de evitar lo inevitable.” El SupMarcos (desde 3 metros bajo tierra), en la sección de cultura de la revista inédita “El Pozol Agrio”.
No todo está perdido. Todavía tenemos la esperanza de que las compañeras Tercias no terminen de armar el documental a tiempo para el segundo festival Puy Ta Cuxlejaltic. ¡¿Qué dirían Pedro Infante y José Alfredo Jiménez?!, y ya no se diga el difunto SupMarcos. Qué pena y qué bochorno, haiga cosa”. El SupGaleano en la sección “¡Palomeros del Mundo, Uníos!” de la exclusiva revista, especializada en cine, “Esa película ya la vi”.
Doy fe.
El Gato-Perro al volante… ¿cuál era el freno y el acelerador?… ¡Ups!… Órales, a correr.
Tiempo después…
La insurgenta Erika: “Compañero Subcomandante Insurgente Moisés, avisan de la Junta que se chocaron el Guardián y la Guardiana, y que no se sabe quién los chocó una con el otro, que sea que la Guardiana lo chocó al Guardián y lo abolló la defensa”.
El SupMoy: “¿Dónde está el SupGaleano?”
La Erika: “Se salieron corriendo con el Gato-Perro. Yo creo que fueron ellos porque lo miré en su ojo que tienen delito”.
Y mientras tanto, en lo alto de la Ceiba…
El SupGaleano al Gato-Perro: “Te dije que primero pusieras en neutral. Ahora nomás falta que llueva y entonces sí”.
El Gato-Perro al SupGaleano: “Guau, miau, grrrr”.
Y empezó a llover, fuerte, como si las nubes le gritaran a la tierra:

¡Despierta!

Son las montañas del Sureste Mexicano, es Chiapas, es México, es Latinoamérica, es el mundo, es septiembre del 2019 y, sí, llueve.

2 feb 2017

¿Qué sigue? II. Lo urgente y lo importante. #EZLN



3 de enero del 2017.

Les he estado escuchando. A veces cuando estoy aquí, con ustedes, a veces en el stream del Cideci, a veces con lo que me comentan sus alumnas y alumnos zapatistas.

En todo momento trato de captar el sentido de sus exposiciones, el rumbo y la dirección de su palabra. Hemos escuchado exposiciones brillantes, didácticas unas, complejas otras, polémicas las más, pero en y sobre las que se puede debatir. Deben hacerlo, pensamos, entre ustedes. Para esa discusión, tal vez les ayudaría en algo aclarar la confusión que existe entre ciencia y tecnología.

Por lo demás, estamos tan sorprendidos como ustedes. El interés por la ciencia no es algo que se haya ordenado o impuesto, nace desde dentro.

Cuando hace 23 años, el feminismo venía a reclamarnos que debíamos ordenar la liberación de las mujeres, les dijimos que eso no se ordena, sino que es propio de las compañeras. La libertad no se ordena, se conquista. Dos décadas después, lo que han logrado las compañeras apenaría a quienes entonces se decían la vanguardia del feminismo.

Igual ahora, la ciencia no se impone. Es producto del proceso de los pueblos, tal y como ya lo explicó el Subcomandante Insurgente Moisés.

Les dije que la mayoría de sus participaciones nos han parecido buenas, pero bueno, de lo que algunos, muy pocos, expusieron, pues no sé cómo decirles.

Alguno me admiró, escuchaba yo con atención y esperaba que en determinado momento nos diría: “todo esto que les dije, es un fraude, se los platiqué para que vean como es la pseudo ciencia y para que no se confíen en el principio de autoridad, de que sólo porque alguien tiene estudios quiere decir que lo que dice es científico”. Pero no, siguió hasta terminar.

Le escudriñé el rostro para ver si sonreía con malicia, y no. Estaba sinceramente convencido de las barbaridades que expresó, y recibía agradecido los aplausos que la banda que trajo, y a quienes engatusó en la galería, le daban.

Cuando una compañera insurgenta escuchó eso de que ya no hay que hacer bebés, que mejor adoptar, porque ya hay mucha gente en el planeta, me dijo: “entonces ahí nomás se acaba la gente, no se necesita la Hidra, basta con esa idea. Y eso es idea de ricos; aunque sea uno o dos, ya son demasiados ricos y sobran, son los que estorban y no sirven. Esa idea que dijeron nos dice que no hay que luchar por hacer otro mundo, sólo tenemos que tomar anticonceptivo”.

Les voy a contar lo que alguien, a su vez, me narró de hace tiempo, cuando el mundo era como una manzana esperando el mordisco del pecado original.

Había un hombre que explicaba lo que hacía para vivir. Él usaba el método, decía, de “la víbora boa”. Tenía un su acompañante. Juntos, envasaban vaselina en frasquitos y les ponían etiquetas en las que se leía “Pomada Todotodo” y en letra minúscula se podía saber que esa pomada curaba todo, desde el Alzheimer hasta el mal de amores, pasando por la polio, la tifoidea, la caída del cabello, el mal de ojo, las muelas picadas, el mal olor de los pies o de la boca, y otros males que ahora no recuerdo.

Lo que hacía esa persona es lo siguiente: se paraba en una esquina y se ponía a vociferar en contra de los zoológicos y los circos, que pobres animalitos, que estaban encerrados y así. Y anunciaba: “Por eso les vamos a mostrar una víbora boa, de 7 metros de largo, que encontramos en las alcantarillas, y que rescatamos y cuidamos, y ahora les mostramos a usted, dama, caballero, joven, señorita, niño y público en general.”

La gente se acercaba curiosa, y más porque no se veía la víbora por ningún lado, sólo una especie de maletín lleno de frasquitos de la pomada “Todotodo”.

Cuando consideraba que había gente suficiente, se volteaba hacía su ayudante y decía en voz alta: “¡Secretario, trái-ga-me la víbora!”. El cómplice asentía con la cabeza y salía corriendo a saber dónde.

El hombre veía a su ayudante alejándose. Eligiendo al azar, le comentaba a alguna persona cercana: “Parece mentira, pero ahí como lo ve, ese pobre muchacho no podía moverse hace apenas unas semanas, ni con bastón, sólo con silla de ruedas. Y mírelo ahora. Hasta parece un milagro, pero no. Resulta que, para mi suerte, encontré la fórmula científica de un medicamento que lo curó. Mire, le voy a mostrar”.

Claro, el comentario era “inocente” y supuestamente iba dirigido sólo a una persona, pero lo había hecho de modo que varios lo escucharan. Se dirigía entonces al maletín y tomaba un frasquito y le decía a la persona primera: “Mire, esto es de lo que le hablaba”. La persona tomaba el frasco y leía la inscripción, mientras el hombre se desentendía, como acomodando los frasquitos, mirando hacia donde se había ido su ayudante y comentando como para sí: “¿por qué tardará tanto este muchacho?, ojalá no se le haya escapado la víbora boa porque si no, mañana sale en las noticias y pobre animalito, tal vez se lo llevan a encerrar o lo convierten en bolsas y zapatos”.

Mientras tanto, la persona inocente que recibió el frasco, se lo mostraba a la de junto y le comentaba lo del muchacho que fue por la víbora. En pocos minutos, el frasco ya ha recorrido a unas 10 personas, y el hombre dice entonces: “A ver ya devuélvanle su medicina a la dama, caballero, joven, señorita”, según, y agregaba, “quédelo, se lo regalo, pruebe y ya verá”.

Entonces otros se acercaban pidiendo su muestra gratis, el hombre, apenado, se disculpaba: “No, lo lamento, no puedo regalarles a todos, este es un pedido especial para la Secretaría de Salud. Bueno, pero es mejor que lo aprovechen ustedes y no esos desgraciados del gobierno, sólo denme unos 10 pesos para fabricar y reponer lo del gobierno”.

Bastaba que se acercaran unos 5, para que otros más se sumaran, y al poco tiempo ya tenía alrededor una aceptable cantidad de personas. La misma gente comentaba entre sí de qué se trataba, y el hombre, fingiendo desapego, sólo se limitaba a cobrar, mientras se lamentaba del retraso de su “secretario” y la mentada víbora boa.

Era cuestión de minutos, y el ayudante regresaba todo agitado y preocupado, y algo le decía al hombre en voz baja, él sólo decía “dios mío, ¿de veras?, ¿estás seguro?” Entonces recogía rápidamente su maletín ya vacío o casi, y dirigiéndose a la gente les decía: “Pélense, se escapó la víbora y ahí vienen la patrulla y los granaderos”, y corrían asustados. La alarma se generalizaba, y la gente también se dispersaba.

Le pregunté cuánto le costaba hacer la mentada medicina. Me dijo que los frasquitos los recogían de la basura, y la vaselina, pues le salía como un peso por frasquito. Se ganaba con ese método unos 100 pesos al día, cuando el salario mínimo era de $ 8.00 diarios.

Bueno, sólo les quiero decir, a quienes nos quisieron aplicar ese método en este encuentro, que, aunque tengan grado académico, no les compramos sus frasquitos. Creo que tienen que buscar otra esquina para ofrecer su mercancía chafa.

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Tal vez alguno mantenga la imagen del indígena ignorante e ingenuo, y creyó que podía decirnos que iba a hablar de una cosa, sabiendo de antemano que lo iba a hacer de otra cosa que no tiene nada de científico. Vaya, ni siquiera alcanza a ser una pseudo ciencia, y he leído en redes sociales cosas mejor elaboradas, más ingeniosas, e igualmente falsas de cabo a rabo.

Y déjenme decirles: si se quejan de que en la academia no toman en cuenta en ciencias lo que es puro rollo existencial, acá tampoco.

Que en la academia no toman en cuenta el activismo político, acá tampoco. Pero les voy a decir dónde sí lo toman en cuenta: en la izquierda institucional. Ahí sí, llegan ustedes y dicen: soy doctor en no sé qué, y he participado en tantas marchas, mítines, cursos, entonces sí los colocan en alguna dirección de lo que sea, o como asesores, o como coordinadores.

Aquí no, si vienen que saben de matemáticas, pues de eso, aunque no sepan qué cosa es plusvalía o lucha de clases, ni sepan si “La Internacional” es una canción de lucha, una ópera o el nombre de una tienda de ultramarinos.

Como ya les platicó el Subcomandante Insurgente Moisés, la ciencia es ciencia, seas partidista o zapatista.

Tampoco vale que nos vengan a adular o a cortejar, aunque creo eso sí funciona en la academia institucional.

Ni valen los chantajes con el color de piel, la preferencia sexual, o la creencia religiosa. Sabes o no sabes de lo que hablas, no cuenta si eres de piel oscura, o blanca, o roja, o amarilla, o negra, o bicolor; no cuenta si eres hombre, mujer, homosexual, gay, trans o lo que sea; no cuenta si eres católico, o musulmán, o ateo, o agnóstico, o mahometano, o lo que sea siempre y cuando, a la hora de hacer ciencia, hagas ciencia, no religión, filosofía o la charlatanería de moda en redes sociales.

Entonces acá no se discrimina. Las diferencias no son demérito, pero tampoco son un mérito.

Respecto a los sufrimientos o dramas personales, ok, se entienden. Pero comprendan que somos un mal público para pedir lástima. Con todo lo que hayan sufrido y sufran, no podría equiparse a lo que ha sido, y es, ser lo que somos como lo que somos.

Pero comprendo lo que les pasa, cada quien se masturba con lo que puede. Sin embargo, no nos parece honesto mentir diciendo que vendrían a hablar de ciencia y no de sus azotes existenciales.

Pero las compañeras y compañeros son nobles y comprensivos. Los invitamos a hablarnos y lo hemos cumplido, lo hemos escuchado con respeto, lo que no quiere decir que nos tragamos sus piedras de molino. Nosotras, nosotros cumplimos. Esa gente no.

Imaginen que ésta es una asamblea de uno de los poblados zapatistas, y que pasan ustedes a exponer sus proyectos. Pasan de biología, medicina, laboratorio, análisis clínico, agroecología, ingeniería, farmacéutica, y la asamblea les dice que adelante, que es urgente. De física, química, matemáticas, vulcanología, astronomía, y demás ciencias, la asamblea les dice que adelante, que es importante.

Y si se presenta alguien que viene a decirnos que la ciencia necesita hacer filosofía posmoderna y tomar en cuenta las variables existenciales de cada quien, pues la asamblea les va a escuchar, pero no les va a decir que se vayan. Les van a proponer que se infiltren en Skynet y convenzan a la Inteligencia Artificial de seguir la propuesta científica que pretenden. Estoy seguro de que colapsaría en poco tiempo, lo que aliviaría la dualidad que sufre John Connor, y a la humanidad entera la libraría de las secuelas de Terminator.

Claro, yo les recomendaría que realmente estudiaran y que se dieran cuenta de que están más del lado de Aristóteles y Ptolomeo, que de Copérnico, Galileo y Kepler.

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El Apocalipsis según Defensa Zapatista.

Montañas del sureste mexicano. Territorio en resistencia y rebeldía. Hay una escuela autónoma. Un aula. En ella, la promotora de educación les habla a las niñas y niños zapatistas:

“Antes de salir les voy a contar una historia como cuento, ustedes la tienen que pensar y responder a la pregunta que les voy a hacer cuando ya lo saben la pequeña historia”.

En una de las bancas de atrás, una niña deja de dibujar en su cuaderno complicados diagramas que, aunque parezcan de flujo, en realidad son de tácticas futboleras. En un costado de las líneas y flechas se puede leer “cuando completemos el equipo”. A los pies de la niña hay un balón, deshilachado y lleno de chipotes, y en su regazo dormita una especie de gato… o de perro… o lo que sea.

No sólo la niña, ahora toda la clase está pendiente de las palabras de la promotora, que dice:

“Hay una voz que nos cuenta lo que ve. Dice que hagan de cuenta que el mundo ya se va a acabar ya de una vez, y que ya sólo se mira que están dos hombres. Los dos están parados uno frente al otro, y no se hablan, pero se mira que están muy bravos. Son los únicos hombres que quedan, ya todos los demás ya murieron ya. Son los últimos hombres de la Tierra. No se hablan ni se miran esos dos hombres, pero están discutiendo muy embravecidos. Y no se miran ni se hablan porque se están mandando mensajes en sus celulares. O sea que, como quien dice, están peleando como si sus celulares fueran sus armas, las únicas que quedan porque el mundo ya se está acabando ya. Se están regañando muy rabiosos esos hombres, que ya sólo ellos dos se ven. Y uno le está diciendo al otro, que sea que le manda mensaje:

“Tú lo tienes la culpa porque con la ciencia lo hiciste la destrucción”. (send)

El otro lo ve su mensaje en su celular y se embravece y le contesta:

“No, tú lo tienes la culpa porque, en lugar de ciencia, te pusiste a decir que mejor hacernos como los antiguos primitivos y no usar las técnicas”. (send).

El otro uno, ahora sí que se pone más enojado y hasta se mira su ojo que está como que lo quiere quemar la pantalla de su celular. Y entonces escribe:

“No, la culpa es tuya porque con tus ciencias y técnicas se hicieron las armas que de una vez hicieron la matazón que hasta los pobres animalitos pasaron a llevar”. (send),

El otro lo ve el mensaje y pone su ojo así como “vas a ver maldito” y le responde:

“No, la culpa es tuya porque dijiste que no hay que aprender la ciencia que porque la ciencia es mala porque no respeta la madre tierra y lo hace daño”. (send).

El otro uno lo mira con mucho odio su pantalla y le da a las teclas para decir:

“No, es tu culpa porque con la ciencia te crees que sabes mucho y no tomas en cuenta su necesidad de la gente y andabas de alzado que yo sé mucho, que nadie me gana y cuanta madre que dijiste”. (send).

El otro lee y se pone tan bravo que no se puede creer de una vez, y lo mira al otro uno y pone su ojo así como si dice “vas a morir desgraciado”. Entonces lo escribe:

“No, es más tu culpa porque lo criticaste la ciencia nomás por haragán, que no quieres estudiar, ni aprender porque claro se mira que pesa mucho tu coyolito”. (send).

Así tardan esos dos hombres, peleándose muy embravecidos con sus celulares. No lo saben, pero ése es el último día, ahí nomás cuando llega la noche, ya se acaba todo. Y por estar peleando y mirando sus celulares, no se dan cuenta cuando el sol se guarda ya en la montaña y toda la tierra se oscurece.”

La promotora de educación, quien ha desplegado todo lo aprendido en los cursos de formación para contar la historia, concluye:

“Bueno, pues ésa es la historia que contó la voz. Entonces, la pregunta que tienen que responder es “¿Quién de los dos hombres sobrevivió a que se acabó el mundo?”.

Las niñas y niños quedan pensando.

En las primeras filas de la clase está sentado el Pedrito. Él dice que es para poner atención, pero bien que lo sabemos que está muy enamorrrado de la promotora de una vez, pero no lo vamos a publicar porque es un secreto que tiene.

El Pedrito levanta la mano pidiendo la palabra.

La promotora está a punto de decir “A ver Pedrito, qué pensás”, pero del fondo del salón de clases sale una voz infantil femenina:

“Pues está fácil”.

Todos, incluyendo a la promotora, voltean a mirar a la niña que se ha puesto de pie y ya tiene terciada su morraleta con el cuaderno y el lapicero guardados. Con sus manitas sostiene el maltrecho balón, mientras en el piso el Gato-perro se estira desperezándose. La maestra dice con resignación:

“A ver Defensa Zapatista, dinos tu pensamiento”.

La niña se va a acercando a la puerta del salón mientras expone:

“Está fácil la respuesta, porque claro se mira que los pinches hombres lo tienen la culpa que se acabó del mundo de una vez por culpa de que son muy malditos con su patriarcaladera ésa, que de plano ya no se puede creer ya. Y no lo estudiaron de la pinche Hidra que bien que con su tragadera pasó a perjudicar a todo el planeta Tierra. Y entonces ahí están de muy machitos peleándose con sus celulares y sus canciones de caballos y de amores y luego otra vez de desamores, que sea que no se deciden de una vez.

Bueno, maestra, para que lo entiendas como mujeres que somos, te lo explico la palabra: “patriarcaladera” es así como que sólo los hombres mandan y quieren que nosotras como mujeres nomás estamos al pendiente de qué quieren, de que esto, de que lo otro, y luego nos dicen que mucho nos quieren y que tenemos muy bonitos ojos y acaso están mirando los ojos, no, sino que lo miran otra cosa. Y yo no sé qué cosa es que miran porque todavía no crío, pero así me dijeron mis mamaces que hacen los pinches hombres. Y yo, cuando ya crezca, que ni lo piensan, ahí nomás les voy a dar sus zapes y sus patadas si es que me mal miran. Entonces la “patriarcaladera” es que los pinches hombres sólo quieren que les hacemos el pozol y todavía nos molestan que lo quieren un su besito. ¿Tú lo crees que lo vamos a dar un su besito así nomás? Nada de que nada, en lugar de besito, ahí tienen su zape. Y luego piensan que nos van a convencer con canciones de caballos. De plano son tarugos, a ver si lo encuentran un caballo que les haga su pozol, qué van a encontrar, nuncamente…”

La maestra ya conoce a la niña, así que la interrumpe:

“A ver Defensa Zapatista, responde la pregunta”.

La niña ya está en la puerta. Mientras, a sus pies, el Gato-perro mueve alegremente la cola, responde:

“Pues está fácil, ninguno de los dos hombres vive, sino que ahí nomás mueren por tarugos. Y claro se ve que es por su culpa de la patriarcaleda ésa que se va a acabar el mundo, pero nada que se acaba, porque resulta que sí hay quien vive y es la compañera que está contando la historia. Porque si no es una compañera la que cuenta la historia pues entonces no hay historia. Y la compañera que lo cuenta la historia lo lleva un su pichito en el rebozo y lo está como quien dice dando la clase política al pichito, para que aprende que tenemos que apoyarnos como mujeres que somos”.

La niña no espera a saber qué dice la promotora de educación y, dando por sentado que su respuesta es correcta, sale corriendo gritando “¡A jugar!”, mientras el Gato-perro y el resto de la clase salen detrás de ella.

La promotora de educación sonríe mientras guarda sus cuadernos y libros, uno de los cuales lleva en la portada “Antología XX Aniversario. Congreso Nacional Indígena. Nunca más un México sin nosotros”. Ya para retirarse, la maestra se da cuenta de que no todos los niños salieron.

En la banca de enfrente, está el Pedrito, así como triste y derrotado. La promotora va y se sienta a su lado y le pregunta:

“¿Qué te pasa Pedrito, por qué estás triste?”

El Pedrito suspira y responde: “Porque ya no pude responder porque Defensa Zapatista me ganó la palabra”.

“Ah”, le dice la maestra, “no preocupas Pedrito, ¿cuál era tu respuesta?”

Pedrito explica con tono de obviedad:

“Pues yo iba a responder que la historia no se sostiene, porque si sólo quedan dos hombres peleando con sus celulares, entonces ¿quién está trabajando para que haya señal de celular? Eso quiere decir que hay otros que siguen trabajando, o sea que no sólo quedan dos. O sea que, para que me entienda maestra, a su historia le falta lógica, coherencia en el argumento. Entonces la respuesta es que la premisa está mal, por lo tanto, la conclusión, cualquiera que sea, es falsa. Eso se hubiera entendido si se aplica el pensamiento crítico al análisis” (me cae que así habla el Pedrito, si algún día lo conocen van a ver que no lo estoy impostando).

El Pedrito, después de hablar, vuelve a su posición de pena y tristeza.

La promotora de educación está pensando qué quieren decir las palabras “coherencia” y “premisa”, y que siempre le pasa así con el Pedrito, que usa palabras que ponen en aprietos hasta a la Comandancia. La promotora no tiene pena de preguntarle al Pedrito qué significan esas palabras, pero ve que el Pedrito está triste, así que lo abraza y le dice:

“No preocupas Pedrito, tu respuesta también está bien”.

El Pedrito, al sentirse abrazado, se pone de todos los colores y pone cara de “a mí nadie nunca me ha abrazado”, tal y como le enseñó el finado SupMarcos. Mientras se deja querer, el Pedrito piensa que estuvo bien que Defensa Zapatista haya respondido primero, porque así la promotora lo está abrazando, y en el abrazo, el Pedrito entiende que no, que el mundo no se va a acabar, que mientras el abrazo dure, el mundo seguirá dándole oportunidad a la vida, porque la vida es eso, un abrazo.

Eso está reflexionando el Pedrito cuando, en la puerta, aparece la niña y le dice: “Apúrate Pedrito, tenemos que completar el equipo para hacer la retadora”.

El Pedrito se separa del abrazo de la promotora como si el corazón se arrancara, pero va hacia la niña, porque él es, además de niño, zapatista, y un zapatista no puede dejar que el equipo no se complete por su culpa. Antes de salir, el Pedrito le dice a la niña: “sólo que claro te digo que de portero ya no, mejor pon al caballo choco en la portería, yo quiero ser delantero”.

“Defensa Zapatista” no va dejar que la última palabra en el cuento sea de un niño, así qué dice:

“Qué delantero ni que nada. El SupGaleano me enseñó unos videos y ya tengo un nuevo plan. Ahora vamos a jugar con la ciencia del “fútbol total” de las naranjas holandas ésas. ¿Tú lo crees que no hay que estudiar para el juego? Tienes. Las dos cosas, con las ciencias y las artes. Luego te explico. Nomás completamos el equipo y vas a ver, tú no preocupas, ya vamos a ser más, de repente dilata, pero ya vamos a ser más”.

Se van el niño y la niña. Hasta entonces podemos ver que la niña trae una playera naranja que casi le llega a los talones y que atrás luce en letras chuecas “Cruyff” y más abajo se lee: “Resistencia y Rebeldía”.

En la orilla del potrero, los espera un abigarrado grupo formado por: un viejo caballo que mastica con parsimonia una bolsa vacía de tabaco; un hombre bajo de estatura y pelo cano, tiritando a pesar del abrigo que porta; otro hombre alto y delgado que sobresale por su altura y por la extraña gorra que tiene, el cual mira con interés, a través de una lupa, a un extraño animalito que, a la distancia, semeja un perro… o un gato… o un gato-perro.

Cerca de ahí, en donde la comunidad se empeña en arañar el muro, manos anónimas han plasmado, abajo y a la izquierda, un graffiti que estalla en colores. En él se lee:

“Somos el Congreso Nacional Indígena y vamos por todo, para todas y todos”.

Muy lejos de ese lugar, dentro de un bunker las sirenas de alarma ululan y la tierra se estremece.

Arriba, el hermano John Berger, sonriendo, ha dibujado con nubes, para quien mire alto, una pregunta: “¿Y tú qué?”

-*-

Lo urgente y lo importante.

La historia que les voy a contar es un poco triste. Lo es porque contiene las lágrimas de una niña zapatista. Pero, a pesar de eso, o precisamente por eso, se las cuento porque, al escucharles hablar, exponer, reflexionar y tratar de responder y enseñar, me he imaginado lo que sigue. No sé si ustedes lo han hecho. Si no, se los recomiendo, piensen en lo que sigue.

Me he imaginado que estamos en otro tiempo hace adelante. Va:

Sin que la antecediera un balón, había llegado a mi champa “Defensa Zapatista”. En su carita se veía que había estado llorando, y todavía algunas lágrimas le brillaban en las mejillas. “Defensa Zapatista” sostiene que las niñas no lloran, que eso es cosa de hombres, que las mujeres son fuertes. Así que entendí por qué la niña había venido a mi champa, donde sólo habitan fantasmas y silencios. Aquí está segura, aquí puede llorar sin que nadie, como no sea yo, la mire. Aquí puede guardar su fortaleza en un cajón y dejar que el sentimiento le llene la mirada y haga líquida la pena.

Yo no le dije nada. Hice como que no la miraba, como que estaba barriendo el piso del tabaco y los papeles arrugados que se extendían alrededor de la mesa.

Al fin, ella se limpió las lágrimas con el paliacate rojo, suspiró y carraspeó para decirme:

“Oí Sup, ¿tú lo sabes lo que es mal soñar?”

“De por sí”, le respondí, “los malos sueños se llaman pesadillas”.

Ella se interesó y preguntó: “¿y cuál es su trabajo de las quesadillas, por qué y quién las hizo?, porque son muy fieras.”

“Se llaman “pesadillas”, no “quesadillas”. Las quesadillas son buenas si tienen queso. Las pesadillas no son buenas. Pero, ¿por qué me preguntas eso?”

“Es que lo soñé muy fiero y me desperté así como con un dolor en la panza, como que no está cabal, como que duele”, dijo.

“Cuéntame pues”, la animé y encendí la pipa.

“Bueno, resulta que soñé que estamos en la asamblea del pueblo, que resulta que está muy cabrón la situación por su culpa del mal sistema. Y que está llegando mucha gente a pedir entrada en el pueblo porque en otros lados ya nomás no se puede vivir, entonces se viene la gente porque nosotras como zapatistas sí nos preparamos.

Pero está llegando gente hasta de otros sus países que a saber dónde quedan.

Entonces pues no está cabal la comida y la comunidad tiene que producir más la tierra, porque como zapatistas pues tenemos que apoyarnos con otros pueblos del mundo porque somos como quien dice compañerismos.

Entonces están viendo en la asamblea cómo se van a organizar para darle alimento a esas hermanas y hermanos.

Entonces pasa que alguien de la asamblea dice que hay que buscar más terreno donde se puede sembrar.

Y entonces otro dice que en el potrero donde lo jugamos el fútbol, que lo vio que ya floreció el Petumax con sus flores, así como blancas, pero no, así como grises pero no, creo color crema o no sé cómo se llama su color.

Y que lo vio que también está el Chene´k Caribe, y sí cierto porque yo de por sí lo juego sus flores como que son pollitos.

Y que también la miró que está la Sun que parece girasol, pero no es.

Entonces dijo el compañero ése, que eso quiere decir que ya está buena la tierra en el potrero, que ya se puede sembrar ahí maíz y frijol.

Y entonces yo como quien dice que me preocupé, porque ahí en el potrero es donde lo vive el caballo choco, y donde jugamos fútbol. Bueno, no mero jugamos porque no hemos completado el equipo, pero lo practicamos y entrenamos con muchas ganas.

Entonces la autoridad le pregunta a la asamblea si está de acuerdo que se siembra en el potrero y se hace milpa ahí, o si hay alguien que no está de acuerdo pues que lo dice su palabra para ver cómo se hace.

Entonces toda la asamblea está en silencio y nadie pide la palabra. Y yo quiero hablar para decir que no siembren en el potrero, porque entonces ya no vamos a poder jugar, que sea entrenar. Pero no sé cómo voy a decir, porque lo veo que sí se necesita el alimento para apoyar a esas otras hermanas y hermanos.

Y estoy con la angustia porque nadie dice nada y yo no tengo el pensamiento para convencer a la asamblea, y lo veo en su ojo de la autoridad que ya va a decir que, si nadie tiene otra palabra, se aprueba que se siembre en el potrero.

Y ahí estoy yo, buscando un buen pensamiento y no encuentro, y me da coraje que no encuentro buena palabra y con el coraje se me salen las lágrimas, y no es que estoy chillando, sino que es por coraje de no saber.

Y ahí nomás me desperté y me vine corriendo. Y en el camino más coraje me da por el pinche sueño malo ése, que quién lo mandó o por qué hace así”.

Conforme ha ido hablando, el rostro de “Defensa Zapatista” va reproduciendo en sus facciones el dolor y la desesperación.

Yo me quedé callado, pero la niña se me quedó viendo como esperando qué voy a decir.

Aunque yo me di cuenta de que “Defensa Zapatista” no había venido al diván, ni sólo a desahogarse, estaba buscando las palabras adecuadas, porque entendí que la niña no llegó sólo a esconderse, también a buscar respuestas y yo, pues soy el subcomandante de acero inoxidable, el que, según el criterio de “Defensa Zapatista”, tiene el grave defecto de ser hombre, pero nadie es perfecto, y además yo dejo que el gato-perro se suba en el teclado y arruine los textos, a veces tengo galletas para compartir (que, para Defensa Zapatista significa que ella y su animalito se zampan todas las que me gustan y las que no también, y sólo me dejan el paquete vacío), y cuento historias donde ella y su pandilla hacen travesuras y salen triunfantes.

Entonces les estoy presentando como quien dice el contexto, para que entiendan que la niña en realidad no había ido a contarme un mal sueño, sino a presentarme un problema.

Como había estado revisando el baúl de los recuerdos que el difunto SupMarcos me dejó en custodia, recordé haber visto algo que podría servir. Le hice a “Defensa Zapatista” una señal de que espere, y empecé a buscar y encontré, debajo de los dibujos que, cuando estuvo aquí en el Cideci, trazó John Berger, lo que estaba buscando. Los papeles estaban ajados, manchados de tabaco y humedad, pero la torpe letra del finado era todavía legible.

Volví a cargar la pipa y la encendí. Leí casi en silencio, sólo haciendo algunos gestos y emitiendo gruñidos incomprensibles.

La niña me miró en suspenso, esperando. El gato-perro había dejado en paz el ratón de la computadora y, con las orejas paradas, permanecía expectante.

Después de hacerme el importante unos minutos, le dije:

“Ya está, no hay problema. He encontrado la solución para tu pesadilla. Resulta que en este escrito el difunto SupMarcos, que diosito lo tenga en su santa gloria y la virgencita lo llene de bendiciones, explica que las pesadillas son problemas y que se pueden aliviar si lo resuelves el problema de la pesadilla.

Entonces dice que los sueños son las soluciones a las pesadillas.

Que lo hay que hacer es encontrar la solución y entonces ya sale el sueño bueno.

Que con eso te ahorras un chingo de paga de psiquiatras, psicólogos, terapeutas y antiácidos. Ok, eso no viene al caso.

Y en este otro escrito, dice que el problema no sólo es saber qué es lo urgente y qué es lo importante.

Lo urgente es lo que tienes que hacer ya, y lo importante es como, por ejemplo, lo que sabes que se debe hacer.

Por ejemplo, en tu caso de tu mal sueño que me cuentas, lo urgente es que los compas tienen que hacer más producción de alimentos; y lo importante es que no se pierda el lugar donde se juega.

Entonces pues es un problema grave porque si se cuida el lugar para jugar, pues entonces no se siembra y hay hambre; y si se siembra, pues entonces ya no hay donde juegan.”

“Defensa Zapatista” asentía convencida a lo que le iba diciendo. Yo seguí:

“Entonces dice aquí el finado que eso se llama “opción excluyente”, o sea que haces una cosa o haces otra, pero no se puede las dos. El SupMarcos dice que casi siempre eso es falso, o sea que no es fuerza que una cosa u otra, sino que se puede imaginar otra cosa diferente. Y pone el ejemplo de los pueblos originarios, o sea que indígenas.

Dice: “Por ejemplo, los pueblos originarios, desde hace siglos, todo el tiempo hacen al mismo tiempo las dos cosas, lo urgente y lo importante. Lo urgente es sobrevivir, o sea no morir, y lo importante es vivir. Y lo resuelven con resistencia y rebeldía, o sea que se resisten a morir y al mismo tiempo crean, con la rebeldía, otra forma de vivir. Entonces dice que siempre que se pueda, hay que pensar de crear otra cosa.”

Dejé los papeles y me dirigí a “Defensa Zapatista”:

“Entonces lo que yo creo que puedes hacer en tu problema del mal sueño, es explicarle a la asamblea lo que es urgente y lo que es importante.

O sea que las dos partes tienen buen pensamiento, pero que si escogen una pues lo chingan la otra.

Y entonces explícalo a la asamblea que no es fuerza que una cosa u otra cosa, sino que hay que pensar en otra una, algo diferente pero que quedan cabal las dos cosas.

Y entonces no es que se resuelva el problema de la asamblea ni tu problema, sino que ya es otro problema.

Y en el nuevo problema, tienen que pensar los dos, o sea la asamblea y tú.”

Todo el tiempo, la niña había estado sentada, quieta, con su manita apoyando su barbilla, poniendo atención.

Contra su costumbre, el gato-perro también se había estado quieto.

“Defensa Zapatista” quedó en silencio, mirando al suelo fijamente.

No sé mucho de lo que pasa en la cabeza de una niña. De un niño sí, porque tal vez no he madurado a pesar de los kilómetros recorridos. Pero las niñas, aunque ya tengan edad, siguen siendo un misterio que tal vez las ciencias puedan algún día resolver.

De pronto, “Defensa Zapatista” volteó a mirar al Gato-perro, y el susodicho, a su vez, la miró a ella.

La mirada mutua duró sólo unos segundos, y el Gato-perro empezó a brincar, a ladrar y a maullar. La carita de la niña se iluminó y casi gritó:

“¡Sí, el Gato-perro!” y empezó a brincar y a bailar junto con el mencionado.

Yo no sólo puse cara de que no entendía nada, en efecto no comprendía a qué venía eso. Pero, resignado, esperé a que “Defensa Zapatista” y el Gato-perro se calmaran, lo que no ocurrió hasta pasados unos minutos que me parecieron eternos.

Al fin se detuvo la algarabía y, aún agitada, la niña me explicó:

“¡Es el Gato-perro, Sup! Lo tengo que llevar al Gato-perro a mi mal sueño y lo tengo que llevar a la asamblea y él me va a ayudar y entonces ya va a ser un buen sueño.

Aquí estaba la solución de la problema pero no la había estudiado.

Es el Gato-perro, siempre ha sido el Gato-perro.”

Creo que mi cara de “¡What!” debe haber sido muy evidente, porque “Defensa Zapatista” se sintió obligada a aclararme:

“A ver te lo explico Sup: el Gato-perro ¿es gato?, pues no. ¿Es perro?, tampoco. Entonces no es ni una cosa ni otra, sino que es otra una, es un gato-perro. Si lo muestro al Gato-perro en la asamblea, claro lo van a ver que hay que hacer otra cosa, que quedan contentos ambos dos mutuamente de acuerdo”.

Yo no podía entender cómo la asamblea iba a dar, como quien dice, el “salto epistemológico” de esa cosa, o lo que sea el Gato-perro, y la disyuntiva entre el potrero para jugar o el potrero para sembrar. Pero parece que a “Defensa Zapatista” eso le tenía sin cuidado.

Al otro día, camino al pueblo, pasé por el potrero. Ya la noche empezaba a nacer del suelo y como quiera seguía el sonido de quienes rasguñaban el muro. Aún había luz suficiente, porque “Defensa Zapatista” estaba en el campo, reunida con un grupo en el que reconocí al viejo caballo choco que la acompaña a veces, al Gato-perro, y al Pedrito. Había también dos hombres, uno bajo y otro alto, a quienes no identifiqué y supuse que eran de la Sexta y que la niña los estaba tratando de incorporar a su siempre incompleto equipo.

Me vio de lejos la niña y me saludó agitando la mano. Correspondí al saludo, dándome cuenta de que “Defensa Zapatista” había resuelto el problema porque reía y corría de un lado a otro, mostrándole al grupo dónde deberían colocarse en un dispositivo que me semejó la figura de un caracol.

Seguí mi camino, recordando el final de aquel día de lágrimas, cuando ya sonriente y con la carita iluminada, “Defensa Zapatista” se despidió:

“Ya me voy ya, Sup, me tengo que ir”.

“¿Y qué vas a hacer?”, le pregunté.

Ya se alejaba cuando me gritó: “Voy a soñar”.

Mientras esperaba a que se reunieran las compañeros y compañeros para la plática que me tocaba dar, la noche llegó con sus propios pasos y sonidos.

Pensé entonces que tal vez al finado SupMarcos le hubiera gustado estar presente en el sueño de “Defensa Zapatista” y así saber cómo argumentó la niña y cuál fue la decisión de la asamblea.

O tal vez estuvo ahí de por sí. Porque, al menos en estas tierras, los muertos andan de un lado a otro. Con nosotros ríen y lloran, con nosotros luchan, con nosotros viven.

Muchas gracias.

Desde el CIDECI-Unitierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

SupGaleano.

México, enero del 2017.

30 dic 2016

#EZLN Las Artes y las Ciencias en la historia del (neo) Zapatismo

28 de diciembre del 2016.

  La noche de ayer, les platicaba del desbarajuste interplanetario que había desatado la pregunta “¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?

  Ok, me excedí con eso de “interplanetario”.  Debí decir: el desbarajuste que en el microcosmos del zapatismo había provocado la pregunta hecha por la jóvena Rosita al Subcomandante Insurgente Moisés.

  Aunque creo que es evidente, no sobra el aclarar que la respuesta que el SubMoy le dio a la jovencita zapatista fue la misma que, tal vez, no sé, es probable, es un supositorio, ha dado combustible al avance de la ciencia desde sus inicios: “No sé”.

  Ahora pienso que, seguramente, la jovena sabía que ésa era la respuesta, pero esperaba que el SubMoy entendiera que, dentro de la flor, había una pregunta más grande.

  El SubMoy, ahora lo sabemos porque estamos aquí, en este encuentro, sabía que la respuesta “No sé”, no sólo era insuficiente, sino que sería inútil si no llevaba a otras preguntas.

  Ahora él les platicará lo que es, como quien dice, el contexto de la pregunta… y de su respuesta.

  A mí me toca ahora platicarles brevemente algo de la prehistoria de esa pregunta y de esa respuesta.

  Las artes y las ciencias antes del inicio del alzamiento, al interior del ezetaelene, tenían un universo muy reducido y una historia breve: ambas, ciencias y artes, tenían un motivo, una dirección, una razón impuesta: la guerra.

  Primero en los campamentos guerrilleros, luego en los cuarteles y después en las comunidades, las artes se limitaban a la música, la poesía y algo de dibujo y pintura, todas con mensajes revolucionarios exclusivamente.  Claro, no era raro que de pronto se colaran canciones de amores y desamores, corridos, rancheras, y hasta alguna balada de Juan Gabriel, pero eso era en la clandestinidad dentro de la clandestinidad.

  El cine o la cinematografía tenía como sala exclusiva o “vip”, nuestra imaginación.  Uno de los insurgentes nos contaba siempre la misma película, pero hallaba el modo de modificarla en cada ocasión, o de mezclarla con otras.  Así fue como vimos el original y varios “remakes” de “Enter the Dragon”, con Bruce Lee en el único papel, porque el compa se pasaba horas explicándonos los movimientos y golpes.  Esto siguió hasta que, con una pequeña planta de luz y un pesado y estorboso proyector de 16 milímetros, vimos una película vietnamita que creo se llamaba “Punto de Enlace” o algo así, y que, por supuesto, sólo estaba en el idioma original, así que con imaginación le poníamos diálogos en español y hacíamos otra película de la película original.  No estoy seguro, pero creo eso se llama “intervención artística”.

  Llamo la atención sobre esto, porque creo fue la primera vez que confluyeron las ciencias y las artes en un campamento zapatista.  Y por las ciencias no me refiero al generador portátil y al proyector, sino a las palomitas de maíz, que alguien tuvo a bien incluir en el envío del aparato y la película.

  Por supuesto que nos atascamos de maíz palomero al grito de “comer hoy o morir mañana”, y al otro día casi se cumple la consigna: desde la madrugada, con una diarrea colectiva, el batallón insurgente entero dejó el paraje como si una piara de jabalíes se hubiera asentado ahí.  Nos consolamos después, pensando que era una muestra de guerra bacteriológica.  Moraleja: tengan cuidado con las consignas.

  El contacto con los pueblos, amplió ese limitado horizonte: en las celebraciones, los compas establecían horarios para “el programa cultural”, decían, y “para la fiesta”.  Así, en un horario que se fue acortando con los años, se declamaban poesías, se leían pensamientos y se cantaban canciones, todo de lucha.  Paulatinamente, “la fiesta” fue ampliando su duración y calidad.  En ese horario era donde se bailaba y se cantaba lo que estaba de moda en esa época.  Las músicas digamos “comerciales”, a su vez, empezaron a ser desplazadas por la producción local.  Primero, cambiando las letras de las canciones; después componiendo también la música.

  Los bailes cambiaron: de las filas enfrentadas, al baile de parejas.  Originalmente, en los bailes de los pueblos, se ponían dos líneas: una de mujeres y, enfrente, una de hombres.  Esto tenía su razón de ser: con la línea desplegada de las mujeres, las mamaces podían controlar a sus hijas, y ver si se escapaban o se mantenían en el balanceo continuo de “La del moño colorado”.  Posteriormente, poco a poco y después de acaloradas asambleas, se permitió el baile de parejas, aunque con el mismo ritmo.  Pero la línea pesaba, así que era común ver a una pareja bailando, pero con ella mirando a un costado y él mirando al lado contrario.  El teatro, o “seña”, era muy esporádico.  Los dibujos y pinturas de los periódicos murales de montaña, se mudaron a las comunidades, pero los temas se mantuvieron.

-*-

  Si les parece que la actividad artística era rala, la científica era prácticamente nula (porque el libro de Isaac Asimov, que el finado cargaba en su mochila, no cuenta como ciencia).  Para el contacto con la naturaleza, usábamos los conocimientos de las comunidades, es decir, nos limitábamos a conocer hechos, sin saber la explicación o, explicándolos de acuerdo a los cuentos y leyendas que circulaban en las comunidades.

  Por ejemplo, el tiempo de lluvia y las etapas de la siembra.  Había datos empíricos que indicaban que iba a llover o que no, y estadísticamente funcionaba.  En los campamentos de montaña, por ejemplo, cuando los mosquitos aumentaban en número y agresividad, quería decir que iba a llover.  Claro, también teníamos barómetros y altímetros, pero los zancudos eran más precisos.  Si nos hubieran preguntado entonces cuál era la relación entre los mosquitos y la lluvia, hubiéramos respondido “no sé”, pero no hubiéramos ido más allá, y sabíamos que lo que correspondía era poner los techos de plástico o apurarse a llegar al pueblo o al campamento, y no hacer investigaciones científicas.

  Lo más científico que se hacía era calcular energía y trayectorias de bala, resistencia de materiales (porque había que saber dónde protegerse de los disparos del enemigo), alinear miras telescópicas, fabricación de artefactos explosivos, y “navegación terrestre” con el uso de mapas, altímetros y el clisímetro, para lo cual era necesario estudiar lo básico de trigonometría, álgebra y cálculo.  Estábamos por aprender a usar el sextante, para poder orientarnos de noche, pero no llegamos a tanto.  Y no era necesario, porque los compas de los pueblos conocían tan bien el terreno, que no necesitaban ninguna máquina para orientarse.  Y podían “predecir” fenómenos naturales a partir de otros, o de usos y costumbres.

  El mundo estaba habitado entonces por personajes mágicos, con el Sombrerón y Xpaquinté recorriendo los caminos reales, picadas y caminos de extravío, y sentándose con nosotras, nosotros, en los campamentos insurgentes de las montañas del sureste mexicano.

  En medicina se aplicaban dos métodos fundamentales.  Como no sabíamos de la existencia de la cura con cuarzos, el biomagnetismo o cosas parecidas con igual rigor científico, entonces recurríamos a la sugestión impuesta o a la autosugestión.  Como no pocas veces no teníamos medicinas, si teníamos fiebre, nos decíamos y repetíamos: “no tengo fiebre, todo está en mi cabeza”.  A ustedes les provocará risa tal vez, pero el finado SupMarcos contaba que él enfrentó varios casos de salmonelosis con ese método.  “¿Y funcionaba?”, le preguntamos en esa ocasión.  Él respondió con su acostumbrada modestia: “Pues mírenme, estoy vivo y más hermoso que nunca”.  Bueno, eso fue antes de que le diéramos muerte.

  Cuando sí teníamos medicina, usábamos el método científico del “ensayo y el error”.  Es decir, alguien se enfermaba, le dábamos una medicina, si no se curaba, otra diferente, y así, hasta que le atináramos o la enfermedad, seguramente aburrida del método, cedía.

  Otro método científico de cura era el llamado “escopetazo”.  Si alguien tenía síntomas de una infección, le dábamos un antibiótico de amplio espectro.  Casi siempre se curaba y, claro, quedaba químicamente puro, con lo mínimo para sobrevivir hasta la próxima infección.

  Años después, cuenta el finado, los tratamientos médicos que dictaba se basaban en estadística simple: en montaña, tales y tales síntomas se curan con tales medicamentos en el x % de los casos; si en una tropa de X número de combatientes, tantos se enferman con tales síntomas, hay x % de probabilidades de que se trate de la misma enfermedad.

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  Una anécdota de montaña, contada también por el difunto SupMarcos hace años, puede servir para contrastar con el ahora que les mostramos: contaba el finado que, en una exploración en lo profundo de la Selva Lacandona, una sección insurgente de infantería quedó lejos del campamento base, viéndose obligada a pernoctar sin más cobijo que las copas de los árboles y las hojas de las plantas; hicieron una fogata para ver si podían asar una víbora nauyaca que era lo único que habían podido cazar.  El SupMarcos entonces no era “sup”, sino teniente insurgente de infantería y estaba al mando de esa unidad militar.

  Como era costumbre en esa época, cuando la noche al fin descendía de los árboles y se sentaba junto a los insurgentes, con las sombras bajaban también a sentarse junto al fuego, toda clase de historias, cuentos y leyendas que, entre otras cosas, cumplían la misión de mitigar el hambre y secar las ropas que el sudor y la lluvia habían empapado.  El entonces teniente de infantería, se mantuvo apartado y se limitó a escuchar lo que platicaba la tropa.

  A uno de los nuevos le había pasado que, al andar por el camino de extravío, el roce de las hojas de la planta llamada La´aj, u Ortiga, le había provocado urticaria en una mano y se le había hinchado.  Entre doliéndose y quejándose, el recluta le preguntó a otro combatiente por qué o qué tenía esa planta que hacía tanto daño.  El veterano, sintiéndose obligado a educar al nuevo, le respondió: “Mira compa, claro te digo que eso sólo dios y la hojita lo saben”.

  Tal vez por todo esto que les cuento, el finado SupMarcos, cuando era el vocero zapatista, abundaba y redundaba en leyendas, cuentos y anécdotas más referidos a explicaciones de la realidad ligadas a la cultura ancestral.  Los cuentos del Viejo Antonio, por ejemplo.

  Si el finado era una ventana para asomarse al zapatismo de entonces, y ahora es el Subcomandante Insurgente Moisés, no es que haya cambiado sólo la ventana, también lo que se ve y escucha a través de esa ventana.  El zapatismo de hoy en las comunidades, es cuantitativa y cualitativamente diferente, ya no digamos al de hace 30 años, sobre todo al de los últimos 10-12 años, que es el período en el cual debe haber nacido la niña que se autodenomina “Defensa Zapatista”.

  Con esto quiero decirles que, si los niños de hace 25-30 años nacieron en los preparativos del alzamiento y los de hace 15-20 nacen en la resistencia y la rebeldía; los de los últimos 10-15 años nacen en un proceso de autonomía ya consolidado, con nuevas características, algunas de las cuales, entre las que está la necesidad de la Ciencia, les platicará el Subcomandante Insurgente Moisés, a quien cedo la palabra…



Buenas noches hermanos y hermanas compañeros compañeras.

La ciencia que estamos platicando acá, nosotras, nosotros, las zapatistas, queremos ciencia para la vida. Así como les dijo el sub Galeano, nada más es para decir nada más ya, no les voy a explicar más de ahí eso, la ciencia sí la estudiamos también cuando estábamos pues en la montaña, en la preparación. Ya que salimos a aplicar la ciencia, o sea la guerra, el matar y morir, nuestros compañeros y compañeras de los pueblos, bases de apoyo, ellos y ellas nos dijeron de otra forma de cómo hacer la guerra sin perder los principios de lo que queremos, entonces de ahí nosotros, los combatientes y combatientas, lo bueno que fue es que reconocimos que hay algo dentro de nuestros compañeros y compañeras, o sea los pueblos, y entonces ahí empezamos pues a aprender, empezamos a entender y empezamos a conocer que el ser ejército, cualquiera de los dos ejércitos, ejército pues del rico y el ejército del pobre que lucha, es excluyente, porque ahí no pelea todo hombres y mujeres y niños, y en lo que nos plantearon nuestros compañeros y nuestras compañeras es pelear juntos para lograr lo que queremos, y nos dijeron de que entonces en eso que el arma de que hay que luchar es la resistencia y la rebeldía, como se trata de que entonces de que no queremos el mal gobierno, el mal sistema, se trata de que entonces hay que rechazar todas las formas de cómo nos engañan, y entonces, nosotros, los combatientes, los insurgentes, las insurgentas, fuimos aprendiendo la forma de cómo es eso, de cómo hay que hacer eso, entonces, a nosotros, nosotras, entendimos de cómo hay que pelear juntos, juntas, como de por sí las comunidades hasta ahora viven en común, en colectivo se puede decir, ahí el sistema, el mal gobierno ahora, trata de dividirlo, pero aún no ha podido, las mismas comunidades se entienden, por ejemplo, en algunas comunidades hay varios partidos políticos, o hay varias religiones, pero están en una comunidad, si en esa comunidad es invadido un pedazo de su terreno, por otra comunidad, esa comunidad invadida inmediatamente se juntan, o sea se olvidan de lo que son, que es dividido en varios partidos políticos o en varias religiones, ahí donde funciona, ahí donde no borra lo que significa ser común, comunidad. De ahí entonces nosotros empezamos a entender eso de lo que decían, de lo que nos dijeron nuestros compañeras, compañeros, bases de apoyo, que vamos a tener que pelear juntos, juntas. Entonces fue más, mucho más mejor de lo que ellos, ellas, pensaron, porque entonces no solo el combatiente pelea, sino todos y todas y entonces, nosotros, los combatientes empezamos así a trabajar juntos con ellos y entonces lo que pasó es de que entonces en esa lucha, en esa organización se fue creándose la forma de cómo se quiere de lo que se busca, o sea, quiero decir que de lo que vieron los compañeros, las compañeras, es de que entonces hay que poner en la práctica, chiquito, lo que se quiere, lo que se busca, entonces con su autonomía, con su gobierno autónomo de nuestros compañeros y compañeras, empezó lo que nosotros no sabíamos durante el tiempo de la clandestinidad, en nuestra preparación, y entonces entendimos eso de que ya es la forma de cómo se piensa de que se haga pues el cambio, y esto a lo largo de estos tiempos que llevamos durante los 23 años que estamos haciendo el autogobernar con nuestras comunidades, la verdad pues es que entonces no tenemos tantos muertos de balazos, o heridos o torturados, desaparecidos, de lo que fuimos primero nosotros en el año 94. Con estos 23 años, lo que nos mostraron los compañeros y las compañeras es de que hay otra forma de cómo hacerle la guerra al sistema, que no se muera y que no se mata, pero para eso se necesita organización, para eso se necesita acuerdo, para eso se necesita trabajo y para eso se necesita luchar y poner en la práctica. Ahora vemos que con ese arma de lucha que es resistencia y rebeldía, la verdad el sistema no ha podido hacer nada con nuestros compañeros y compañeras, todo han hecho por querer hacer que lo dejen, no ha podido el sistema. Por qué, porque las compañeras y los compañeros ya lo vivieron durante los 23 años, de lo que ellas, ellos, lo construyeron, como bien estaba diciendo el Sub Galeano, nosotros mismos quedamos sorprendidos de que pero si eso no soñábamos, pero si eso no veíamos, entonces, porque todo lo que han logrado los compañeros y las compañeras, es a través de su pensar, es a través de ver sus necesidades, de lo que se necesita y pensar qué hacer después de que entonces se haya logrado algo de cómo mejorar o de cómo seguir los pasos para hacer el bien de nuestros pueblos, pues. Entonces ahora, las mismas compañeras, compañeros, hacen la comprobación entre ellos y ellas, pues, y las mamás y papás por supuesto que los animan, porque no lo habían visto, pues. Por ejemplo hay compañeras que ya son, no sé cómo se dice, de esos que lo ayudan a los doctores de pasarlo, como los mecánicos que ahí va tu pinza, ahí va tu martillo, ahí va tu marro, como se llamen, pues, pero las compañeras entonces ahora ya son ellas las que le ayudan al médico de pasar lo que necesita a  la hora de que está haciendo la cirugía el médico, ya saben manejar pues así aparato de ultrasonido, que los médicos ya le dijeron de que entonces que ya puede decir o sea diagnosticar, pues, de que si ya sabe leer de lo que muestra la placa o la foto de lo que saca el ultrasonido, y así muchos otros tipo de aparato ya las compañeras y compañeros ya saben manejar, de dentistas, de Papanicolau y de muchas otras cosas de la salud, del área de salud, de laboratoristas, pues. Que eso no pensábamos eso, y eso de que entonces ahora nosotros pensamos y decimos: ¿en 23 años de balazos hubiéramos construido eso?,  y nuestra respuesta de nosotros es no estaríamos hablando aquí con ustedes ahora ­hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, científicos, científicas. Si hubiera que es 23 años de balazos, no nos hubiéramos conocido, pues. Pero gracias a su forma de ver, a nuestros compañeros y compañeras, aquí estamos platicando con ustedes, pues. Tanto que así fue el avance de nuestros compañeros y compañeras, claro, se tuvo que separarse de su modo del explotador, del capitalismo pues,  o del mal gobierno para ir creando ellos de cómo la piensan su libertad pues, que la conquistamos y que empezamos a construir a nuestra manera de entenderlo pues. Entonces, así es como ahora tienen su educación,  tienen su agroecología, tienen su radio comunitaria, hacen sus propios intercambios de experiencias,  hacen compartición nuestros compañeros y compañeras, porque lo que se quiere es la vida. Ejemplo, pues, así como la que nos dio ya el Sub Galeano, que le platicamos también a él, eso por ejemplo, pues, de que se comparten, de  cómo, que  no se muera uno pues, como el caso de una de las preguntas, de que se daba eso de que la asan la placenta del bebé, o que lo hierven pues con tal de que se logra la vida pues, pero eso se hace con un simplemente,  una lucha  pues, no hay un estudio real de que esto es la mejor manera pues. Entonces como hay muchas generaciones ya de que se ha traído ya esto, de la que les decía el Sub Galeano de la culpa de la flor es que en la Educación Autónoma Zapatista que tanto se ha avanzado pues ya, los jovencitos y jovencitas vieron que  entonces han aprendido mucho, entonces lo que pasó es  de que empezó a preguntar  pues el hijo de un compa, y es hijo de un compa de Tercios Compa, entonces le dijo a su papá porque ya terminó pues su primaria, su primer nivel le dicen los compañeros en los pueblos, entonces el hijo del compa le dijo,  papá ya terminé de mi escuela, pero voy a seguir porque quiero aprender más, y entonces el Compa Tercio, que es el papá, entonces le dijo, hijo, déjame ver, porque es que todavía se está planeándose el segundo nivel o sea la secundaria que se dice, se está planeándose porque la educación que queremos no van a aprender cosas que no va a servir si no se necesita, que está pensada qué es lo que aprendan para que va a servir, le dijo el compa a su hijo, y entonces el chavito pues, así de por ahí de 13, 14 años entonces  dice:  papá, pero no vayas a pensar  de que me vas a mandar aquí, en Cideci, porque en Cideci ahí se aprende sastrería, zapatería y otras cosas, más que bien lo pueden hacer aquí en el Caracol, solo que hace falta que se pongan de acuerdo para hacerlo, dijo el chavito a su papá. Y entonces el chavito dice lo que quiero aprender yo es qué sustancia tiene el estafiate, y qué es lo que cura eso. Y entonces el compa, pero ahí está presente ahí su hijo pues, que quería que yo le dijera pues qué cuándo y dónde puede aprender eso, entonces yo le decía, pues déjame ver porque yo no sé. Entonces tan sorprendido que yo me quedé, pues y eso de que bueno, hasta yo me quedé así, ¿será que se puede aprender? Entonces platicando con el Sub Galeano dice, pues eso les corresponde a los científicos, la ciencia, de los que estudian la ciencia, y los científicos pues. Entonces pero lo que vemos es que entonces ya las generaciones que vienen ya están viendo otra cosa y lo bueno es de que están pensando, porque el chavito eso que les platico es que en las Comunidades hay compartición como se dice pues, tanto como le dicen de  las tres áreas, o sea donde van compañeros y compañeras a intercambiarse  experiencias de las plantas medicinales, de parteros y parteras, y de hueseros y hueseras, ahí donde pues el chavito eso escuchó pues así de muchas plantas que se habla que cura tal y tal ¿no? Pero no se sabe qué es, qué sustancia tiene pues, ahí donde aprendió pues eso pues. Entonces sus mismos prácticos de lo que hacen, sus mismos conocimientos de lo que hacen así pues las compañeras y los compañeros en los pueblos, eso va a ir como abriendo pues así experiencias, pero también al mismo tiempo va a ir abriendo pues otras necesidades de querer aprender más pues. Entonces yo creo que pues escuchando pues ya de lo que se está planteando aquí entre nosotros pues, ojalá de que entonces  se vengan pues acá a poner en práctica con un pueblo pues, en colectivo, les daría mucho gusto pues así a los compañeros a las compañeras para que entonces se aproveche más ese conocimiento porque con lo poco que tienen los compañeros y las compañeras que está dando pues un …  como les diré, o sea de lo que se está haciendo, de lo que están construyendo los compañeros y las compañeras claro lo ven a los otros hermanos,  hermanas que no son zapatistas, o sea por ejemplo, en los hospitales que tienen pues así los compañeros, sus hospitales autónomos, son más los hermanos partidistas que son operadas, operados allí que los zapatistas. Entonces ahí donde la gente no zapatista, partidistas como les decimos, ahí donde se dan cuenta de que entonces está más mejor de que lo que están haciendo los zapatistas incluso lo dicen directamente ya, que está mucho más mejor lo que están haciendo los zapatistas, pero no solo nada más en eso dan el poco avance que ha habido pues en la salud los compañeros y las compañeras sino también ayudan en orientar o sea hacer política pues, de por qué así están engañados o por qué así están manipulados o por qué así están dominados pues. Entonces, si hubiera de que hay más apoyo a través de la ciencia pues, entonces habrá más avances pues así de los compañeros y de las compañeras pues, y entonces eso le queremos decirles que ojalá de que entonces en verdad empezáramos pues ahora aquí con nuestros compañeros y compañeras en los pueblos a que se vaya viendo de que se pudiera pues de que haiga clase, haiga talleres, que haiga cosas prácticas porque las y los compañeros lo que ven pues así  tan interesante y tan importante para enfrentar pues a la hidra capitalista es de que hay que mejorar pues así la salud, y hay que mejorar pues así la alimentación, pero para eso se necesita aprender, se necesita ciencia. Los compañeros y las compañeras hacen pues, pero como ya se ha dicho varias veces que es mediante usos y costumbres pues, o sea se hace la prueba que siembras ahí el maíz a ver si te va a dar, o la calabaza,  o el camote, qué es lo que va a dar ahí, porque no hay un estudio de la ciencia ahí, de qué es lo que va a dar ahí en esa tierra y qué cosa da aquí en esta parte pues no. Es de mucho sufrimiento de cómo es que se vive,  pero si viera que hay una ciencia, un laboratorio por ejemplo, ahí sí sería diferente, no es cosa de probar sino que ya es porque tiene un estudio científico qué es lo que hace falta a la madre tierra esto o es lo que puede dar aquí esto pues.  Entonces pues así se ve, así hacen sus estudios también los compañeros y las compañeras y que entonces de donde nace esto por la cual estamos aquí, la verdad es eso de que entonces es el estafiate que dijo el chavito eso que quiere saber cuál es la sustancia y que entonces ya de ahí eso se vio de que entonces están los demás, Escuelas Autónomas Zapatistas que están en otra necesidad de lo que quieren aprender los jóvenes pues.

 Entonces hermanos, hermanas, compañeros, compañeras, que los invitamos pues con los compañeros y las compañeras a que vamos formando pues un colectivo, como colectivo pues que andamos las y los zapatistas y que entonces mostremos después al pueblo de México que el pueblo, el propio pueblo puede crear la forma de cómo vivir y que no necesitamos a alguien que manipulen pues así a nuestra riqueza o que las expropian lo que es nuestro como pueblo, más que nosotros como pueblos pues y que para eso necesitamos pues estar juntos con los pueblos originarios y con la ciencia de los científicos y la ciencia de los artistas, qué vamos imaginando, o qué vayamos construyendo, o que vayamos practicando y que vayamos demostrándonos entre nosotros mismos que sí se puede como los compañeros y compañeras bases de apoyo que sin más, más que su propio esfuerzo, su propia resistencia y su propio pensar de ver y crear, imaginar, han demostrado, aunque no sepan leer ni escribir, y aunque no dominan bien el español, pero en los hechos la tienen, lo que decimos pues acá, que el sistema acá, el mal gobierno pues de México se ha hecho a un lado pues  y estamos practicando lo que nosotros pensamos y de lo que nosotros creemos,  pero sentimos solos porque no sólo nada más los que estamos explotados pues. los indígenas en México, sino están los hermanos y hermanas tanto en el campo y en la ciudad pues. Pero para eso se necesita Ciencia pues, de cómo vamos a tener que construir el mundo nuevo pues.

Necesitamos, se  siente la necesidad pues  tan eso como así pues el chavito que platicamos, que siendo chavito ya está pensando así de que quiere conocer,  que quiere saber por qué es tan importante la sustancia que tiene el estafiate,  porque tanto escucha en el colectivo pues, en la compartición que se hacen las compañeras y los compañeros pues. Entonces eso es lo que queremos pues así plantearles, que entonces ojalá nos unamos pues para crear otra forma de ver, otra forma de pensar, imaginar pues de cómo tenemos que ir construyendo un cambio, pues que realmente es el cambio no nomás el nombre, ni nada más de color pues.

Eso es lo que sería que les podemos compartir compañeros y compañeras, hermanos y hermanas.



Subcomandante Insurgente Moisés             Subcomandante Insurgente Galeano

27 dic 2016

#EZLN #ConCiencias "La culpa es de la flor"

“La culpa es de la flor”

27 de diciembre del 2016.

“El 30 de febrero de este año de 2016, la revista electrónica sueca especializada en temas científicos, “River´s Scientist Research Institute”, publicó un estudio que, tal vez, habrá de revolucionar las ciencias y su aplicación al entorno social.

Un grupo de científicos, encabezados por los doctores suecos Stod Sverderg, Kurt Wallander y Stellan Skarsgard, presentaron un complejo análisis multidisciplinario que llega a una conclusión que sonará escandalosa: hay una relación directa entre el aumento en la cantidad y calidad de los movimientos feministas y la disminución de la tasa de natalidad.

Combinando métodos de estadística, embriología, biología molecular, genética y análisis conductual, los científicos establecen que el aumento en la diversidad y beligerancia del feminismo, provoca una inhibición de la libido en los varones, lo que reduce la frecuencia de la actividad sexual reproductiva.

Pero no sólo. Análisis de laboratorio establecen que los espermatozoides de los varones expuestos a la actividad feminista son más débiles que los de los varones que no están expuestos. Lo que se conoce como astebizisoermia, o síndrome del “espermatozoide perezoso”, tiene más presencia en la población masculina de las sociedades donde el feminismo ocupa un lugar protagónico en las relaciones sociales. Según la prestigiada publicación citada, el doctor Everet Bacstrom, del “Rainn Wilson Institute”, con sede en Londres, Inglaterra, confrontó los resultados de la investigación con una muestra de varones europeos, de clase media, WASP, y obtuvo la misma conclusión.

Por su parte, las activistas feministas europeas, Chloë Sevigny y Sarah Linden, consultadas por la publicación, declararon que todo no era más que una sucia maniobra de lo que llamaron “el cientificismo patriarcal”.

Mientras tanto, el centro internacional de consultoría para gobiernos “Odenkirk Associated”, declaró, a través de sus voceros, James Gordon y Harvey Bullock, que recomendarían a los gobiernos de los países del primer mundo, cito textualmente, “inhibir el activismo y la beligerancia de los grupos feministas”, para así elevar la tasa de natalidad en los países desarrollados. Así mismo, declararon que recomendarán a los gobiernos de los países del Tercer mundo, principalmente en África y Latinoamérica, alentar el surgimiento y participación de grupos feministas, principalmente en zonas marginadas, de modo que se reduzca la tasa de natalidad en esos sectores, evitando así que proliferen los disturbios sociales.

Consultadas al respecto, las asesoras de la Comunidad Económica Europea, Stella Gibson y Gillian Anderson, se negaron a confirmar o desmentir que el citado estudio será la base de la nueva política internacional de Europa para con el tercer mundo.”

Bien, esto que les he leído es un ejemplo del nuevo periodismo científico. Aunque es mi autoría total, se los damos como regalo de fiestas decembrinas. Tómenlo y hagan un experimento: publíquenlo.

No recurran a la prensa escrita. Salvo el que esto escribe y un cada vez más reducido número de personas, ya nadie lee los periódicos y revistas para informarse. Vaya, ni siquiera quienes escriben en esos medios los leen, sólo consultan las referencias que de sus textos se hagan en redes sociales; y más, son las redes sociales quienes les dictan el tema que deben tratar. Hace apenas unos meses, leí a un “líder de opinión” y “analista especializado”, preguntar a sus “seguidores” el tema que debía tratar en su columna periodística: “fav, si sobre la candidata del Consejo Nacional Indigenista” (me cae que así escribió), “rt, si sobre el gran camarada y dirigente, sol de nuestra ruta y preclaro constructor del porvenir”. No necesito decirles que ganaron los rt.

No, si quieren tener “repercusión mediática” recurran, como fuente primaria de difusión, a las redes sociales.

Busquen a una estrella de las redes sociales, por ejemplo, un adolescente tuitstar con cientos de miles de seguidores, alguien preocupado siempre por darle a sus fans materiales que promuevan la tolerancia crítica, el debate racional y la reflexión profunda (cosas que, es evidente, se encuentran en abundancia en esa estimulante red social). Alguien como, por ejemplo, John M. Ackerman (253 mil seguidores). Sí, ya sé que dije que un adolescente, y el señor John Ackerman ya tiene sus kilómetros recorridos, pero estoy hablando de edad mental, así que sean comprensivos.

Luego “síganlo” y consigan que no los bloquee. Esto es muy sencillo, no necesitan escribir nada medianamente inteligible. Basta con llenar su “time line” de rt´s de todas las grandes y sólidas verdades que emanan del teclado del susodicho. Y tampoco eso es complicado, porque pueden configurar su cuenta de ustedes para que dé rt en automático.

Bien, ahora sólo necesitan convencer a ese “influencer” que ponga una breve referencia al citado estudio, y sus cientos de miles de seguidores, en automático, le darán fav y rt.

Así el estudio “científico” será un éxito y será la base de futuros análisis, coloquios, mesas redondas y entrará a la abultada biblioteca de las teorías de la conspiración.

No, no tendrán que preocuparse de que alguien se tome la molestia de analizar críticamente la nota supuestamente científica y se dé cuenta de lo siguiente:

.- Febrero no tiene 30 días.

.- “River” es una serie policial británica en la que protagonista, John River, es interpretado por el sueco Stellan John Skarsgård.

.- Stod Sverderg y Kurt Wallander, son personajes de la serie policial sueca “Wallander”.

.- Everet Bacstrom, es el nombre del protagonista de la serie policial “Bacstrom”, y Rainn Wilson es el nombre del actor.

.- Chloë Sevigny es el nombre de la actriz que protagoniza, en el papel de Catherine Jensen, la serie policial danesa “Those Who Kill”

.- Sarah Linden es el nombre de la protagonista de la serie policial estadunidense The Killing, con la actriz Mireille Enos.

.- Bob Odenkirk es el nombre del actor principal de la serie “Better Call Saul”, supuestamente la precuela de Breaking Bad.

.- James Gordon y Harvey Bullock son personajes de la serie “Gotham”.

.- La Comunidad Económica Europea no existe más, desapareció en 2009 para dar paso a Unión Europea.

.- Y Stella Gibson y Gillian Anderson, son respectivamente el personaje protagónico y la actriz que desempeña ese papel en la serie “The Fall”.

Ahí disculpen si mi pronunciación del inglés está lejos de la etiqueta de coloquios científicos internacionales, y más bien parece de “wet back” de los años 40´s, pero la solidaridad con los migrantes latinos que padecen la pesadilla Trump tiene caminos insospechados y no siempre evidentes. En todo caso, quienes lean y no escuchen estas palabras, no tendrán por qué ligar nada con el horror que ya se vive al norte del río Bravo.

Claro, hubiera bastado que cualquiera de ustedes “googleara” las principales referencias para darse cuenta de que el supuesto “estudio científico” descrito, es un completo fraude.

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¿Tiene qué preocuparse la ciencia de esos fraudes que reducen el quehacer científico a una caricatura de consumo masivo?

¿Creen que sólo deben enfrentarse a la religión y al creacionismo? La religión es la religión, no pretende ser científica. En cambio, la pseudociencia sí es un problema mayor. Si creen que están en la época de la Ilustración, y son felices ridiculizando los paradigmas religiosos y ganando las encuestas de popularidad de la televisión en stream, donde se enfrentan ateos contra creyentes, no se han dado cuenta del boquete que las ciencias tienen bajo la línea de flotación.

Las pseudociencias o ciencias falsas no sólo ganan cada vez más seguidores, se están convirtiendo ya en una explicación aceptada de la realidad.

Si no me creen, tomen una terapia de cuarzo y de balance bioenergético. O inscríbanse en un diplomado de “Teoría de la Ciencia”, en la división de estudios superiores de una universidad respetable, y sorpréndanse de que deben cursar una materia que se llama “filosofía científica” (el oximorón que les persigue desde aún antes de las leyendas de Prometeo, Sísifo y Teseo).

Créanlo o no, los tiempos oscuros que se vienen, llevan ya a las ciencias, del banquillo de los acusados, al patíbulo social.

Ya volveré en otra ocasión sobre este punto más en extenso.

Pero ahora esto viene al caso, o cosa, según, porque, así como ustedes tienen que confrontar la invasión de esas ciencias falsas, nosotras, nosotros zapatistas enfrentamos eso y algunas cosas más.

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En nuestra participación en la primera sesión general de ayer, les presenté algunas de las preguntas que mis compañeras y compañeros que han sido seleccionados como alumnas y alumnos suyos, prepararon.

No son mis preguntas. Si fueran mías, hubieran sido de otro estilo. Serían preguntas tipo: ¿Qué relación hay entre la sopa de calabaza y la deficiencia cognitiva?, ¿Cuáles son cualidades nutritivas de ese portento alimenticio que es el helado de nuez?, ¿las inyecciones son una forma pseudocientífica de la tortura?, etcétera.

Así que lo único que hice con las preguntas de mis compas fue agruparlas. Quité algunas preguntas porque supuse que serían respondidas en las exposiciones y por otra razón que, si da tiempo, les explicaré.

Estas 200 compañeras y compañeros, 100 mujeres y 100 hombres, fueron seleccionados para asistir, es decir, responden a colectivos. Su presencia aquí no obedece a interés o beneficio personal. Al regresar, deben responder a sus colectivos sobre lo que este encuentro fue, lo que aprendieron o no, lo que entendieron o no. O sea que están obligados a socializar el conocimiento. Esta es la razón por la que ven que estos compas escriben y escriben en sus cuadernos y se consultan entre sí, con una agitación que dudo que encuentren en su alumnado en la academia.

Con esto quiero decirles que, aunque aparentemente ustedes están confrontando a 200 encapuchados y encapuchadas, en realidad sus palabras llegarán a decenas de miles de indígenas de diferentes lenguas originarias.

Sí, da un poco de miedo. O mucho, según.

El interés por la ciencia en las comunidades zapatistas es legítimo, real. Pero es relativamente nuevo, no ha sido siempre así. Responde a una de las transformaciones que nuestra lucha ha experimentado, a nuestro proceso de construcción de nuestra autonomía, es decir, de nuestra libertad.

Esto se los explicará más en extenso el compañero Subcomandante Insurgente Moisés en la sesión de mañana. Por ahora sólo me detendré en un par de detalles:

1.- Las comunidades indígenas zapatistas, representadas aquí por estos 200 transgresores del estereotipo del indígena que reina en la derecha y la izquierda institucional, no conciben este encuentro como un evento único. Para que me entiendan: no es una aventura pasajera. Ellos, los pueblos zapatistas, esperan que este primer encuentro sea el inicio de una relación estable y duradera. Esperan seguir en contacto con ustedes, mantener un continuo intercambio. O como dicen en los pueblos: “que no sea la primera ni la última vez”.

2.- El modo de nuestro modo. Para que no se desesperen y para que entiendan por qué no hay preguntas después de cada exposición, permítanme explicarles cuál es nuestro modo como alumnas y alumnos.

Nosotras, nosotros, no nos planteamos problemas individuales. Como alumnado funcionamos también en colectivo. Cada quien hace sus apuntes, luego de la clase o la plática, se reúne el colectivo y se completan los apuntes tomando lo de todos. Así, si alguna o alguno se distrajo o entendió otra cosa, los demás le completan o le aclaran. Por ejemplo, en la ponencia de ayer, la del físico que leyó la Doctora, hay una parte donde él señala que alguien pudiera decir que no hay avances en las ciencias, comparando con países desarrollados, porque en México somos indios. Un compa zapatista estaba bastante molesto porque, según él, el físico nos estaba criticando como indígenas que somos y nos echaba la culpa del nulo avance científico en nuestro país. En la recapitulación colectiva le aclararon que no el físico decía eso, sino que el físico criticaba a los que decían eso.

Con las preguntas ocurre lo mismo. Primero se preguntan entre ellos sus dudas. Así, buena parte de ellas se aclaran porque son producto de que no escucharon, o no apuntaron bien o no entendieron lo que se decía. Otro tanto de las preguntas las responden entre sí. Y ya entonces quedan las preguntas que sí son dudas colectivas.

Yo sé que a ustedes les puede parecer un proceso engorroso y tardado, y que más de una, uno se desilusione pensando que no participamos, o que no supo captar la atención de nosotros. Se equivoca: después de que se reúnan los colectivos de cada zona, escribirán las preguntas que les surgieron y se las haremos llegar por el mismo medio por el que se les invitó a este encuentro. Al menos mientras acordamos un medio y un modo para estar comunicados.

Claro, todo esto parte del convencimiento nuestro de que este encuentro es el primero de muchos, y que todas, todos ustedes mantendrán comunicación con sus alumnas y alumnos, y, a través de ellas y ellos, con decenas de miles de zapatistas.

Entonces, tengan paciencia. Al menos la misma con la que acometen sus investigaciones y experimentos, o con la que desesperan a que les aprueben el presupuesto para sus proyectos.

Dicho lo anterior, permítanme proponerles la metodología zapatista por excelencia: responder a una pregunta con otra pregunta.

Así, tendrían que iniciar sus respuestas con una pregunta fundamental: ¿por qué están preguntando eso?

Bien, les explico. Debido al modo del zapatismo, nuestra acción en las comunidades no pretende hegemonizar ni homogeneizar. Esto es: no nos relacionamos sólo entre zapatistas, ni pretendemos que todos lo sean. Mientras nuestros tropiezos y errores son sólo nuestros, nuestros logros y avances los compartimos con quienes no son zapatistas e incluso con quienes son antizapatistas. Para entender el porqué de eso, sería necesario estudiar nuestra historia, algo que rebasa con mucho las pretensiones de este encuentro.

Por ahora baste con decir que, por ejemplo, los promotores de salud apoyan también a partidistas. Así que, si un promotor de salud está vacunando, no es extraño que se tope con partidistas que se niegan porque, argumentan, las vacunas no son naturales, porque son venenosas, porque enferman, porque meten males en el cuerpo y otras supercherías que se deben, lo que sea de cada quien, al fraude que es el sistema gubernamental de salud. En efecto, los mayores y mejores promotores de la mala salud en las comunidades partidistas, son las autoridades gubernamentales.

Por eso, frente a los dichos de los partidistas, la promotora de salud busca cómo argumentar y convencer de que sí es buena la vacuna. Por eso es lógico que una de las preguntas que les leí ayer sea: ¿Científicamente es necesario vacunarse y por qué, o hay medios y/o formas para sustituir las vacunas por otras cosas? Por ejemplo, las enfermedades de tosferina, sarampión, viruela, tétano, etc. Con esta pregunta, les están pidiendo más argumentos.

Igual es con los promotores de educación, las locutoras de radio comunitaria, las autoridades y las coordinaciones de colectivos.

Otro ejemplo: cuando en una comunidad una persona se convulsiona o se enferma y presenta síntomas extraños, los partidistas empiezan a decirse que es que alguien hizo brujería. Como las acusaciones de brujería suelen terminar en linchamientos, los zapatistas se esfuerzan en convencer a los partidistas de que no hay tal cosa, que las convulsiones tienen una explicación científica y no mágica, y que no es brujería sino epilepsia lo que provoca esos ataques. Por eso les preguntan de lo sobrenatural, las ciencias ocultas, la telepatía, etcétera. No hay estadísticas de esto, pero más de un partidista le debe al neozapatismo el no haber sido linchado por brujería, mal de ojo, y cosas parecidas.

Están también las preguntas sobre tópicos de los que han recibido visiones contradictorias. Por ejemplo, los transgénicos. Hay quien les dice que son perjudiciales y hay quien dice que no, o que no como se cree. Entonces los compas piden pruebas científicas, y no consignas, de una u otra posición.

El día de ayer, la bióloga nos platicaba de una encuesta que realizó, me parece, en redes sociales. Nos dijo que alguien le respondió que participaría cuando incluyera entre las opciones algo como “la ciencia es un mal”.

Bueno, a las comunidades zapatistas llega todo tipo de gente. La mayoría a decirnos lo que debemos o no hacer. Llega gente, por ejemplo, que nos dice que es bueno vivir en casas con piso de tierra y paredes de bajareque y barro; que es bueno andar descalzos; que todo eso nos beneficia porque nos pone en contacto directo con la madre naturaleza y recibimos así, directamente, los efluvios benéficos de la armonía universal. No se reían pensando que estoy caricaturizando, estoy transcribiendo textualmente una valoración de un exalumno de la escuelita zapatista.

“La modernidad es mala”, dicen, e incluyen en ella el calzado, el piso, las paredes y el techo de material, y la ciencia.

Claro, la ciencia no tiene mucho a su favor. De su mano llegan las minas a cielo abierto, las maquinarias para levantar hoteles y fraccionamientos, los cultivos impuestos con dádivas y programas gubernamentales de “progreso”.

Se dice que la religión llegó a las comunidades indígenas con la espada, cierto. Pero se olvida que las pseudociencias y las anticiencias llegan de la mano de la buena vibra, el naturismo como neo-religión, el esoterismo como “sabiduría ancestral”, y las microdosis como neo-medicina.

Yo comprendo que esas cosas funcionen en los establecimientos hípsters de San Cristóbal de Las Casas o de los Coyoacanes más cercanos a su corazón, y que suenen bien mientras se dan un toquecín (prexta pa la orquexta), bebiendo smartdrinks y consumiendo drogas blandas. Ok, cada quien se evade de la realidad según su presupuesto. No lo juzgamos.

Pero entiendan que el reto que nos hemos propuesto afrontar como zapatistas que somos, necesita herramientas que, lamento si desilusiono a más de una, uno, SÓLO nos pueden proporcionar las “ciencias científicas”, que es como el Subcomandante Insurgente Moisés denomina a las ciencias “que sí son ciencias”, a diferencia de las ciencias que no lo son.

-*-

También ayer se nos habló de un experimento de algo así como “ciencia y género”. Creo que era así: se ponían a un hombre y a una mujer a competir por un puesto en la academia, una y otro con idéntico curriculum vitae; quienes seleccionaban, estaban al par: igual cantidad de hombres que de mujeres; seleccionaban al hombre; les preguntaban por qué lo habían elegido a él y no a ella, y respondieron que la mujer era sumisa, conciliadora y débil.

Claro, mi composición químico biológica incluye las obras completas de José Alfredo Jiménez y Pedro Infante, así que celebré la decisión. Pero luego, con el SubMoy quedamos pensando y haciendo cuentas.

Le preguntamos a la insurgenta Erika (aquí presente) qué pensaba de eso. Ella, a su vez, me preguntó qué significaba “sumisa”, le dije que “obediente”. Luego que qué quería decir “conciliadora”, “que no pelea, que no quiere imponer, que busca el acuerdo”, le respondí. De “débil”, dijo que sí entendía. Quedó pensando un rato y nos respondió: “creo no conozco esas cosas”.

Así que, discúlpenme si vivimos en otro mundo, pero no conocemos a ninguna compañera que sea sumisa, conciliadora y débil. Tal vez porque si lo fueran, no serían zapatistas.

Sin embargo, creo que en estas tierras, ése experimento tendría tal vez el mismo resultado, pero con la razones en contra, a favor. Es decir, elegirían al hombre precisamente porque la mujer no es sumisa, ni conciliadora, ni mucho menos débil.

Y les menciono esto, por lo que a continuación explico:

La anécdota me la contó el Subcomandante Insurgente Moisés y se las narro aquí, después de confirmar los detalles con él.

Debió haber sido en un caracol, en una reunión para el curso de la Hidra que se dio a mensajeros y mensajeras, no está seguro.

El asunto es que una compañera jóvena lo topó al SubMoy y le dijo algo como “Oí compañero subcomandante, yo tengo una duda a ver si lo puedes resolver” (el cambio continuo del femenino al masculino en una misma oración no debe sorprenderles, es ya parte del “modo” en que se habla la castilla en muchas de las comunidades).

El SubMoy le respondió algo como “bueno compañera, dime y si sí sé, te respondo; y si no, pues vamos a ver cómo le hacemos”.

Se veía que la jóvena tenía días y noches con la pregunta rondándole la cabeza, así que la soltó sin titubear:

¿Por qué esa flor es de ese color, por qué tiene esa forma, por qué tiene ese olor?

Ella no se detuvo ahí. Sentía que había librado el obstáculo principal (expresar la pregunta), así que se siguió de largo:

“Y no quiero que me respondan que la madre tierra con su sabiduría así la hizo a la flor, o que el Dios, o lo que sea. Quiero saber cuál es la respuesta científica”.

El SubMoy pudo haber respondido lo que cualquier militar, de izquierda o de derecha, hubiera respondido: que se dejara la compañera de tonterías y se fuera a la posta, o al trabajo que le tocaba, o que se pusiera a estudiar los 7 principios, o que se aprendiera bien la explicación de la Hidra; o tal vez la hubiera remitido a la JBG o al MAREZ o a la comisión de educación o de salud.

Pudo haber hecho eso, pero no lo hizo. El SubMoy me explicó lo que le respondió, cierto. Pero yo me quedé pensando en la multitud de opciones que, en diferentes calendarios y geografías, hubieran inspirado otras respuestas.

Ya con todo eso pasado, a mí, alquimista inédito y anacrónico, se me ocurre que la compañera zapatista no esperaba que el SubMoy le respondiera por qué la mentada flor era la flor que era, sino que captara, como quien dice, la complejidad que en esa flor se anidaba

Tan sólo la pregunta y quien la hacía, ya daba para un seminario completo de historia del zapatismo. No, no los voy a abrumar contándoles una historia que seguro no les interesa. Ustedes ahora, como yo entonces, están más interesados en saber qué le respondió el SubMoy a la compañera.

El SubMoy me contó, con el tono pausado y didáctico que es su modo de por sí, que se dio cuenta de que, detrás de esa pregunta, había no sólo una pregunta, sino una pregunta todavía más grande.

Una pregunta que tenía qué ver con lo que, entonces y ahora, se refiere a los cambios que hay en las comunidades zapatistas.

La compañera jóvena, a diferencia de su madre y de su abuela cuando tenían la misma edad, ha ya rechazado dos propuestas matrimoniales (“acaso estoy pensando en marido”, fue la idéntica respuesta que recibieron los 2 pretendientes que, previamente, se habían vaciado medio frasco de loción y se habían peinado con un gel que les durará siglos); habla con fluidez dos lenguas, la materna y la castilla; sabe leer y escribir con una corrección que ya quisieran estudiantes de licenciatura de cierta universidad nacional; ha cursado la primaria y la secundaria autónomas; se desempeña como promotora de salud y Tercio Compa; maneja sin dificultad la computadora y hasta 3 sistemas operativos distintos (iOS, Windows y Linux), además de cámara y programas de edición de video; y navega con soltura en internet, claro, siempre que el clima atmosférico le permita al enlace satelital de la JBG superar la barrera de upload y download de 0,05 kilobites por segundo, y que el límite contratado no se haya agotado con las denuncias de las comunidades.

Con esos antecedentes, era de esperar que no quedara satisfecha con la respuesta de “la madre tierra, con su infinita sabiduría, ha hecho esa flor así como es, porque todo está en armonía con la fuerza universal que emana de la naturaleza” (aquí pueden todos cerrar los ojos, tomarse de las manos y repetir conmigo “ommm, ommmm”).

O sería lógico pensar que, cuando su madre, como respuesta a la pregunta, la hubiera mandado por agua o por leña, la jóvena fuera por las susodichas sin rezongar, pero rumiando la pregunta en el camino de 4 kilómetros a por la leña, o de 2 km a por el agua.

Claro, si les digo que la jóvena zapatista de la pregunta se llama “Azucena”, o “Camelia”, o “Dalia”, o “Jazmín”, o “Violeta”, o, claro, “Flor”, ustedes van a pensar si no son ya suficientes las obviedades absurdas como para seguir lloviendo sobre mojado, así que no, no tiene ninguno de esos nombres. Y no les diré la verdad, a saber, que la compañera se llama Rosita, su mamá se llama Rosa y su abuela se llama Rosalía. Imaginen el horror si la compañera tiene una cría hembra, seguro le va a poner de nombre “Rositía”.

Bueno, el asunto es que, cuando unos días después, el SubMoy me dijo que teníamos que pensar en cómo contactar a los científicos, yo puse la misma cara de extrañeza que pusieron ustedes cuando vieron el título de esta participación. Por supuesto que el SubMoy no se dio por aludido, así que me obligó a preguntarle: “¿y eso por qué, o a qué viene?”

El SupMoy encendió un cigarrillo y me respondió lacónico: “La culpa es de la flor”.

Yo, claro, a mi vez encendí la pipa y quedé callado, pero puse cara de “ah, ¿te cae?”. Nah, no es cierto, puse cara de “¡¿What?!”. Nah, tampoco es cierto. Pero de algo puse cara, porque no traía pasamontañas y el SubMoy se río y me explicó lo que antes les he referido.

El contexto, como quien dice, de la pregunta, y la respuesta, es lo que el SubMoy les platicará mañana.

Así que si a ustedes, científicas y científicos, cuando ya estén de regreso en sus mundos, alguien les pregunta por qué se realizó este encuentro, o a qué vinieron, o de qué se trató, o cómo les fue, pueden ustedes iniciar su larga o corta respuesta así:

“La culpa es de la flor”.

Muchas gracias.

Desde el CIDECI-Unitierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, Latinoamérica, planeta Tierra, Sistema Solar, etc.

SupGaleano.

27 de diciembre del 2016.

Del Cuaderno de Apuntes del Gato-Perro:

Defensa Zapatista, el arte y la ciencia.

No se ha podido esclarecer bien a bien la razón. Unos dicen que fue una apuesta. Otros que el Pedrito se pasó de rosca y así le fue. Algunos señalan que sólo era una práctica. Los menos, hablan de un partido de fútbol en toda su forma, decidiéndose en los últimos segundos cuando el árbitro, el SupMoisés, decretó la pena máxima.

El caso, o cosa, según, es que la niña Defensa Zapatista está a unos metros del manchón de penal, donde un balón deshilachado espera.

En la portería, el Pedrito balancea sus brazos como el portero que fue de lo que fue la selección de fútbol de lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas: Lev Yashin, “la araña negra”. Pedrito sonríe socarrón, pues según él, puede predecir a dónde dirigirá su disparo la niña: “Defensa Zapatista es perfectamente predecible. Como acaba de regresar de la plática de mensajeras, seguro que tirará abajo y a la izquierda”

Por su parte la niña, que apenas levanta poco más de un metro del suelo, voltea a mirar hacia uno de los costados de la cancha (en realidad es un potrero en el que irrumpen, impertinentes, vacas con becerros, además de un caballo tuerto).

En ese costado se pueden ver: un extraño ser, mitad perro y mitad gato, meneando alegre la cola; y a dos individuos que, si no fueran éstas tierras zapatistas, se podría decir que desentonaban totalmente con el paisaje. El uno, de complexión mediana, cabello canoso y corto, portando una especie de gabardina. El otro, flaco, alto y desgarbado, con un elegante gabán y un sombrero ridículo en la cabeza.

La niña va hacia el extraño grupo. El caballo choco se acerca también. Cuando están reunidos, el hombre delgado dibuja extrañas figuras sobre el suelo, mientras la niña mira con atención y asiente cada tanto con la cabeza.

La niña Defensa Zapatista regresa al área grande y toma posición. Inicia un trote hacia el balón, pero se sigue de largo, sin tocar siquiera el esférico, y se detiene a pocos centímetros del lado derecho de la portería defendida por el Pedrito, que mira receloso a la niña. Defensa Zapatista se ha detenido y, en cuclillas, empieza a escarbar un poco el suelo, de modo de tomar una flor con todo y su raíz. Con cuidado, la niña lleva la flor en sus manitas, la planta de nuevo lejos de la portería y regresa a la cancha.

El respetable está en vilo, intuyendo que está presenciando uno de esos eventos irrepetibles en la historia del mundo mundial.

El Pedrito, por su parte, está más que confiado. Si tenía alguna duda, Defensa Zapatista ha cometido un grave error: al quitar la flor de donde se encontraba, la niña ha delatado la dirección a la que irá su disparo: abajo y a la izquierda de Pedrito. Claro, se dijo Pedrito, porque las niñas cuidan las flores, entonces Defensa Zapatista no querría que el balón arrancara la flor.

Por si faltara más suspenso, la niña se ha colocado no a distancia del balón y frente a la portería, sino que se coloca justo a un lado de la pelota y dándole la espalda a un Pedrito que ya sonríe imaginando las burlas que le hará a Defensa Zapatista por el penal fallado.

Defensa Zapatista voltea el rostro hacia donde se encuentra el extraño ser llamado Gato-perro, quien empieza a dar brinquitos, girando sobre sí mismo, como un monito bailarín. La niña sonríe e inicia un movimiento que dividirá las opiniones durante las próximas décadas:

Unas participantes del CompArte dicen que inició con la primera posición de ballet, levantó y recogió su pierna derecha, y empezó a girar sobre sí misma, en el movimiento que llaman “pirouette en dehors”, con “relevés” y “passés” rotados. “Fue impecable”, añadieron.

El finado SupMarcos dijo que lo que había ejecutado Defensa Zapatista no era otra cosa que la Ushiro Mawashi Geri Ashi Mawatte, el movimiento de artes marciales que se logra poniéndose de espaldas al objetivo, dando un giro de casi 360 grados y culminando con una patada al frente con el talón del pie.

Las insurgentas reunidas en la célula “Como Mujeres que Somos”, por su parte, dijeron que la flor que recogió Defensa Zapatista era del bejuco conocido como “Chenek Caribe”, cuyas flores semejan pollitos o pajaritos y que es con lo que las niñas más pequeñas juegan en las comunidades indígenas de la Selva Lacandona. El “Chenek Caribe” suele florecer en potreros y acahuales, y es un indicador de que la tierra está lista para la siembra de maíz y frijol.

El SupGaleano que, como siempre, está de colado en estos textos, dice que estaba claro que el Pedrito se iba a confundir con lo evidente; que, en efecto, Defensa Zapatista iba a tirar el disparo abajo y la izquierda, pero que Pedrito pensó que a SU abajo y a la izquierda, y el tiro fue abajo y a la izquierda sí, pero desde la perspectiva de la niña.

El Doctor Watson dijo que lo que hizo Defensa Zapatista fue una breve emulación de la danza-meditación Sema de los Derviches de la orden Sufí, tal y como la vio en su estancia en Turquía, y en la que los danzantes giran sobre sí mismos y se desplazan, semejando el movimiento de los planetas en el cosmos.

El detective consultor Sherlock Holmes explica que ni una cosa ni la otra, que lo que hizo la niña fue aplicar la explicación científica que le dio sobre la inercia rotacional de un cuerpo y la aplicación de la fuerza centrífuga sobre el esférico. “Elemental, mi querido Watson” dijo el detective extraviado en las montañas del Sureste Mexicano, “era claro que, dado el peso y la estatura de Defensa Zapatista, había que aumentar lo más posible la fuerza con la que conectará el esférico, de modo de darle al balón la velocidad y aceleración necesarias para recorrer los 11 metros. Claro, las probabilidades de que el disparo tuviera éxito estaban en 50 y 50%. Es decir, el guardameta bien podría moverse al lado contrario, o moverse hacia el lado donde iría el balón, deteniéndolo sin dificultad.”

“¿Y la flor?”, preguntó el Doctor Watson. “Ah”, respondió Sherlock, “eso, mi querido Watson, es aportación de la niña y no se me ocurrió a mí. Es más, me sorprendió tanto como al parecer sorprendió al niño que resguardaba el marco. Con eso que hizo, aumentó las probabilidades de que el portero se moviera hacia la dirección donde se encontraba la flor. Fue algo que, es claro, no tenía qué ver con la ciencia, ni con el arte. Si me permite Doctor Watson, fue como si ella hubiera logrado sintetizar ambas cosas. Muy interesante, mi querido Watson, muy interesante.”

Después de la algarabía, los Tercio Compas entrevistaron al Pedrito. Cuestionado sobre la causa del gol recibido, el Pedrito respondió lacónico:

“La culpa es de la flor”.

Doy fe.

Guau-miau.